¿Se creen los obispos lo de las unidades pastorales ¿Quién las va a animar?

Dentro de diez años la diócesis de Mondoñedo-Ferrol tendrá cincuenta sacerdotes con una media de edad de más de ochenta años. ¿Se creen lo de las unidades pastorales? ¿Quién las va a animar?

Han desmovilizado a los seglares y ahora se encuentran con no tienen de qué echar mano. Pues a ver que hacen.

Hace unos meses unificaron la parroquia de Santa Cruz de Canido por falta de sacerdotes y ahora me dicen que hay dos en la misa de 12 de San Rosendo… si esto es cierto me pregunto si no se podían haber puesto de acuerdo para que muchas de las personas mayores que acudían cada domingo a misa pudieran continuar asistiendo todos los domingos

Jesús no creó una institución eclesial, organizada en forma jerárquica, pero es evidente que la jerarquía tuvo que venir pronto, no desde el evangelio, sino a pesar del evangelio.

Parece que los jerarcas descartan la participación de los laicos para solucionar los problemas de la falta de clero. Para solucionarlo pusieron en marcha las Unidades Pastorales (UPA), Agrupación de parroquias. Agrupaciones que están llamadas al fracaso. Tal orientación pastoral se basa más en una línea de repliegue que en una pastoral de expansión… es una política de repliegue y de renuncia a intentar cambiar el ciclo imparable de descristianización de la sociedad. No piensan en la revitalización de las parroquias tal como tradicionalmente se ha entendido. Tampoco se molestan en buscar nuevos medios para la conversión de las personas a Cristo: misiones parroquiales, ejercicios espirituales, nuevos métodos de evangelización. En lugar de todo esto, se cierran librerías religiosas con el pretexto de que no son rentables, pero tampoco hacen nada para que otra librería se haga cargo de dar el servicio que ellos han dejado de prestar a sus feligreses. Algunos eclesiásticos han caído en la trampa de la planificación y el mercado, aplicando a la Iglesia Católica las formas del sistema.

No cabe duda que a la autoridad le resulta más cómodo un súbdito pasivo y receptivo que uno que interroga y creativo. Así, podemos escuchar predicaciones que parecen correcciones y llamadas de atención, y no precisamente fraternas, como si la misión de los sacerdotes fuera recriminar y amonestar en lugar de ilusionar y animar a sus fieles. Esto también es fruto de un clericalismo que abunda mucho en la Iglesia, como ha dicho el Papa. Hay sacerdotes que se sienten más dueños que servidores: » Aquí quien manda soy yo”. Algunas homilías no son sino el reflejo de esa autoridad trasnochada.

Adorarse a sí mismo es tarea placentera. Y en ésta, se ven más los llamados “hombres públicos” que, como pasan la vida subidos a plataformas, púlpitos y pedestales, tienen fácil tendencia a olvidar su altura; pero esta clase de personas son las que se odian a sí mismos, son los no se perdonan por no haber realizado sus sueños. Son personas decepcionadas de sí mismas y convierten su decepción en amargura y mal café.

Evangelio es el encuentro y la permanencia con Jesús; esto es lo que escuchamos algunas veces en las homilías, pero no cala, porque las normas se anteponen muchas veces: esto está prohibido, esto no es lo que piensa la Iglesia… La norma cuando se antepone a la persona criminaliza a la persona, la hace culpable, excluida.

Una Iglesia así no es en sí misma secta, pero ha corrido el riesgo de convertirse en gran secta, alguien diría que es la madre de todas las sectas de occidente, por su clasismo, su visión jerárquica. El conjunto, la Iglesia oficial ha respondido sociológicamente como responden las «clases privilegiadas» (o un tipo de sectas). El mismo San Pedro Canisio en 1576 deploraba la inacción de los obispos “que se dormían en su ministerio”.
El satírico Tomás Murner decía: “Hay prelados que cazan, tocan la corneta, cazan venados. ¿Y es acaso clerical que los sacerdotes se conviertan en cazadores y que los perros canten la misa?

El jesuita García Villoslada escribe: “El ausentismo de los pastores fue una de las pestes más dañinas de la Iglesia antes del Concilio de Trento. La falta de vigilancia por parte de los obispos fueron causa de una relajación nunca vista” (Raíces históricas del luteranismo. Página 201-203).
Pero no todo estaba mal en el clero, podemos creer a Wimpfeling cuando dice que él había conocido a muchos sacerdotes de vida integra e intachable en su ministerio sacerdotal. Pero estos sacerdotes debían de ser excepciones.

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