Viviendas rectorales vacías y los sin Techo en la calle

Cáritas Diocesana concluye este domingo 25 de octubre la campaña de Personas Sin Hogar de este curso, no puede quedarse solamente en una fecha. Bajo los lemas #NoTenerCasa Mata y #Nadie SinHogar las personas que no tienen acceso a un lugar adecuado y digno para vivir siguen reclamando todos los derechos que les han sido negados: ellos también son parte de la comunidad.

La vivienda es un motor elemental de la desigualdad y un factor clave en las dinámicas de exclusión social. En Galicia el problema de la vivienda ha pasado a ocupar el primer lugar como causa generadora de exclusión social desplazando a las dificultades relacionadas con el empleo, en el ámbito de las personas y hogares con mayor dificultad. En la comunidad autónoma, el 64,9% de las personas en exclusión se encuentran afectadas por esta dimensión.

En el informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social se pone de relieve que el elemento de mayor exclusión es la vivienda: el 28,3% de la población en viviendas inseguras, y el 18,9% en viviendas insalubres.

En lo relativo a los hogares, el 30% de familias numerosas, el 23,3 % de familias con hijos, y el 22% de familias monoparentales, están en situación de exclusión social. Se constata una mayor feminización de la pobreza: el 20% de los hogares sustentados por mujeres están en situación de exclusión.

En el año 2015, en una entrevista de un diario regional, el vicario general hablaba de la posibilidad de utilizar casas rectorales o casas habilitadas con ayuda de Cáritas o de feligreses que quieran colaborar. El obispo de Mondoñedo hacía estas declaraciones en la web diocesana: «Trabajemos todos por superar la lacra que representa la exclusión social»

Pero parece que el proyecto se ha quedado en papel mojado… En la diócesis todavía quedan  rectorales vacías que se están deteriorando por la falta de uso.

Vemos la preocupación y acción del Papa Francisco, pero aquí no llega ni el eco.

¿Cuántos locales, viviendas vacías tiene la Iglesia? No me hablen de declaraciones, sirven para poco. Hablemos de hechos. Puede que los miedos o el vértigo que supone abrir las viviendas rectorales paralicen a nuestros pastores. Puede que sea el miedo a “gastar dinero” en esto. Si se abrieran rápidamente verían como se enriquece nuestra dióceis. España es en la actualidad un país elegido por muchas personas de otros lugares para iniciar una nueva vida. Pero en ocasiones, muchas de estas personas inician su «nueva vida» en unas condiciones de notable vulnerabilidad. La carencia de «papeles», las dificultades de empleo y de vivienda, la falta de redes sociales y familiares de apoyo, el desconocimiento del idioma, las costumbres y modos de vida pueden constituir elementos que se convierten en causa de exclusión social, dando lugar a que muchos inmigrantes entren a formar parte de los «sin techo».

El problema es que llegan. Y, por lo que he podido comprobar, resulta que ni las administraciones públicas ni la Iglesia ofrecen los recursos adecuados para que puedan vivir con un mínimo de dignidad. Están en la calle y sin papeles durante meses en el mejor de los casos. En nuestra diócesis hay cantidad de rectorales, o sea viviendas que pertenecen al obispado y están vacías porque faltan muchos curas. ¿No sería una solución (entre otras) ceder estas casas a cambio de ventilarlas y cuidarlas un poco? Sería bien para todos, porque algunas ya se han venido abajo por abandono y estar cerradas. Menos predicar y más dar trigo. Ser cristiano es vivir en compromiso. Debemos ser manos tendidas de ayuda intentando ser también los pies de Jesús que se mueven en medio de un mundo de dolor.

Creo que sería bueno poner a disposición de las familias sin recursos que se hayan quedado sin techo, o que hayan sido desahuciados de sus viviendas, las casas rectorales que no están siendo utilizadas en la actualidad.

Las víctimas de la crisis no pueden esperar a que organicen “colectas” para repartirlas beatíficamente.

La Iglesia saldría ganando en reconocimiento y credibilidad social. Demostraría con gestos y hechos concretos sus profundas entrañas de misericordia. Porque la gente ya no cree en palabras. Sólo se fía de los hechos.

Tenemos una red de locales e instituciones. Contamos con recursos disponibles y disponemos de voluntarios

En eso, sólo en eso, nos reconocerán como discípulos de Cristo. Y si no damos trigo en las duras, no esperemos que nos escuchen predicar en las maduras. Ésta es la nueva evangelización que se está esperando en la calle como agua de mayo.

Señores obispos, necesitamos un gesto que refleje claramente que no  se vive ajenos a esta tremenda crisis que tanto hace llorar y sufrir. Un gesto que demuestre a las claras que, además de Caritas y de todo el aparato socio-caritativo, la jerarquía quiere que la Iglesia siga siendo la punta de lanza en la lucha para paliar los dramáticos efectos de la crisis.

La gran tragedia de perderlo todo. Hasta el nido, hasta la propia casa. Los números son dramáticos. Desde 2008 se pueden haber producido cerca de 400.000 desalojos en España, a un ritmo de 517 desahucios diarios. La gran tragedia del país en el momento actual, junto al paro. La jerarquía española, sensible al drama, lo ha denunciado en repetidas ocasiones.

Se trataría de abrir los edificios religiosos semivacíos o deshabitados para los que pierden sus viviendas.

¿Puede hacer algo más la Iglesia? Puede y debe implicarse, pasar a la acción. Con hechos y gestos concretos.

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Lc 12,19-20). Consejo evangélico preceptivo para todo creyente en Cristo. 

Recuerdo muy bien la grata experiencia que he tenido en donde católicos y evangélicos de la diócesis participamos en ayudas a refugiados políticos rusos y armenios. Los evangélicos aportaron un piso de acogida y algunos de los sacerdotes de la diócesis participaron con alimentos. Hoy todos los que vivieron en esa casa están reintegrados socialmente. He visto lágrimas gruesas de personas sexagenarias que llegaron enfermas y sin saber hablar nuestro idioma, pero que hoy en día, gracias a un verdadero ecumenismo, están viviendo dignamente. Recuerdo también la experiencia de que en esa casa compartíamos oración y meditación de la Palabra. No solamente se compartía alimento para el cuerpo, sino también para el Espíritu.

Hace pocos días también he conocido un joven matrimonio salvadoreño que tiene que hacer un gran esfuerzo para pagar 300 € por el piso en el que viven y poder alimentarse. ¡Mientras tanto las viviendas rectorales permanecen cerradas y deteriorándose con el paso del tiempo!

¡En Ferrol parece que los “logros” se limitan a cerrarlo todo, hasta la librería. ! No cabe duda que a la autoridad le resulta más cómodo un súbdito pasivo y receptivo que uno que interroga y creativo. 

Habría que leer más Isaías 58. “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”

Ya no quedan obispos como Pedro Casaldáliga que se despojó de su sotana, vestía pantalones vaqueros, calzaba chanclas y vivía en una casa pequeña de campesino. Sus ideas y línea pastoral, inaugurada con el documento “Una iglesia de la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social”  Casaldáliga presentó su renuncia en 2003 al cumplir los 75 años como obispo, como establece el Código de Derecho Canónico. Una renuncia que fue aceptada por el Vaticano dos años después. Cuando encontró sustituto para él le pidió que abandonara la diócesis, orden de la que hizo caso omiso.

Nunca volvió a España, ni siquiera para asistir al entierro de su madre. No abandonó la misión porque creía que si cruzaba las fronteras no le dejarían volver de nuevo. «Esta es mi tierra en la Tierra», decía. Durante más de 50 años vivió en su diócesis, en una modesta casa de campesino, sin humillarse ni amilanarse nunca, ni siquiera cuando vio asesinar a sus pies, por policías militares, al jesuita Joâo Bosco Burniera, su colaborador. Fue coherente con su lema: «No poseer nada, no llevar nada, no pedir nada, no callar nada y, de paso, no matar nada».

La gente necesita ver cambios concretos y reales como los que ha hecho el papa Francisco, que ha dejado el palacio para ir a vivir a una residencia. Cuando los obispos formaban parte del imperio romano, eran grandes señores. Ahora deberíamos volver al tiempo en que  los obispos sean personas de a pie y cercanas, creyentes entre los creyentes.

“Evangelio es el encuentro y la permanencia con Jesús; esto es lo que escuchamos algunas veces en las homilías, pero no cala, porque las normas se anteponen muchas veces: esto está prohibido, esto no es lo que piensa la Iglesia… La norma cuando se antepone a la persona criminaliza a la persona, la hace culpable, excluida.” (Juan Cabo Meana)

Cuando veo a sectores laicos, de la sociedad civil, ofreciendo sus casas y animando a la ayuda, me da un poco de miedo comparar con los sectores de las familias católicas.

Jesús llamó a los pobres y los buscó por caminos y veredas para su banquete del Reino. ¿Seguimos su ejemplo?

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7 comentarios en “Viviendas rectorales vacías y los sin Techo en la calle

  • el 31 octubre, 2020 a las 11:53 am
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    Hola estoy en una situación vulnerable ,egoísta del sistema me a tocado trabajar en negro me dieron permiso de trabajo en junio y hasta diciembre no puedo trabajar soy bachiller en salud vivo en la casa de mi ex y cada momento me echa me humilla y yo sin trabajo sin dinero lo poco que ganó le ayudo a mi madre que depende de mi está en mi país por qué hacernos invisibles vernos de menos somos seré humanos con sentimientos queremos vivir con las mismas oportunidades muchas veces me duermo pensado que un milagro podría llegar cada mañana es duro venir a otro país sin familia estar solo llorar solo sin alguien te pregunté cómo fue tu día 😢 es duro y buscar ayuda en Cáritas y me dicen que no pueden ayudarme cuando hablo mi situación parece que les da igual su respuesta es ve al albergue y come en la cocina económica soy joven tengo sueños y ganas de trabajar y pagarme mis cosas con mi dinero no quiero que me regalen nada solo que me dejan trabajar y salir adelante

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    • el 31 octubre, 2020 a las 12:02 pm
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      Cierto Juan, «Pero es innegable que personalidades de diversa índole y profundidad, eclesiásticos y muchos falsos laicos amigos de la Iglesia, han contribuido a disipar el patrimonio móvil e inmóvil no del Vaticano sino de los fieles», denunció el papa Francisco.
      El mensaje del papa Francisco es un toque de atención a las conciencias de los habitantes de los países donde llegan los inmigrantes.
      El papa invita a reflexionar cuando pregunta: «¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?”
      Francisco explica que para los católicos «en la acogida del extranjero (…) se abren las puertas a Dios y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo».
      La Biblia condena el trabajo que no es honrado o que perjudica a otras personas de algún modo (Levítico 19:11,13; Romanos 13:10). Ser un buen trabajador beneficia a otras personas y permite tener “una buena conciencia” (1 Pedro 3:16)

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    • el 31 octubre, 2020 a las 12:10 pm
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      La inmigración no robó puestos de trabajo. Al contrario, asumía los puestos de trabajo peor pagados para que los españoles pudieran tener los empleos mejor pagados. Las tasas de temporalidad entre los españoles eran la mitad que entre los inmigrantes.

      No debemos olvidar que Galicia fue tierra de emigración. cuando, a consecuencia de la Gran Depresión de 1929, primero, de la Guerra Civil española de 1936-1939, después, y del estallido de la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, finalmente, o era difícil salir de España o no lo era menos encontrar adónde ir. Las dificultades del mundo le cerraban las puertas a muchos gallegos. Y las estadísticas daban cumplida noticia de la tan excepcional situación en que se contenía nuestra riada emigratoria. Los datos avalan que Galicia es una comunidad que en los últimos años ha cambiado de rol: de ser un país exportador de emigrantes hacia el exterior a convertirse, desde hace unas pocas décadas, en una sociedad receptora de inmigrantes que buscan aquí un futuro mejor. Es de vital importancia que los inmigrantes encuentren a funcionarios con sensibilidad y «humanidad» para ayudarles a resolver sus problemas.

      Me gustaría que se consiguiese que en determinados ámbitos de atención pública existiese más respeto por ellos.

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  • el 31 octubre, 2020 a las 12:05 pm
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    Hoy en día también podemos ver como algunas personas se aprovechan de los inmigrantes. El principal perjudicado en situaciones de crisis siempre es el inmigrante, el cual está dispuesto a pagar por la tan ansiada oferta de empleo y es víctima de algunos desaprensivos que se aprovechan de su desconocimiento de las leyes y de su situación irregular.

    La policía y los sindicatos alertan del aumento de ofertas de empleo irregulares para seguir en el país. La mayoría de los casos son estafas realizadas por empresas ficticias que venden documentos falsos. Se está convirtiendo en algo habitual que pequeños empresarios, administradores de empresas o incluso autónomos pidan dinero, cantidades de al menos 3.000 euros, por hacer un contrato de trabajo a un inmigrante.

    La pandemia de COVID-19 y las medidas para controlar la transmisión del virus interrumpió abruptamente el movimiento de personas que caracteriza a nuestro mundo interconectado. Las consecuencias son enormes para los migrantes, que dependen del trabajo lejos de sus hogares para mantenerse a sí mismos, sus familias y sus comunidades. Muchos de ellos se encuentran ahora en condiciones que los ponen en mayor riesgo de contraer la COVID-19. Con esta crisis, se ha desatado la «globalización de la indiferencia» y a veces de la violencia, con un odio contra los más vulnerables, contra los migrantes, contra las poblaciones discriminadas y, muy a menudo, contra las mujeres.

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  • el 1 noviembre, 2020 a las 9:39 am
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    Todo me parece muy bueno pero no solo esiste la Iglesia católica y las demás religiones no pueden hacer lo mismo sin ir más lejos cuantas casas vacías hay en Recimil propiedad del ayuntamiento y los cientos de pisos propiedad de los bancos o de personas que los tienen abandonados callendose a trozos y no hay una mano dura que les obligue a arreglarlos pero no se sí eres de izquierda o derecha pero por lo que escribes siempre vas en contra la iglesia católica

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  • el 8 noviembre, 2020 a las 8:36 pm
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    Dios no quiere para sus hijos pobreza. Para ninguno. Quiere vida digna para todos. Incluso abundancia, si fuese posible: banquete. Nadie criticaría que el obispo tuviese dónde vivir, incluso que su vivienda fuese un palacio episcopal. Lo mismo que el que lee o el que escribe merecen tener una vivienda. Lo que no puede dejar de denunciarse es que un persona o una institución, y peor si representa a Jesucristo, prefiera tener viviendas cerradas deteriorándose, dejándolas caer, antes que usarlas para ayudar a levantar cabeza a nuestros hermanos menos afortunados. Si se acallase la voz de José Carlos, tendría que levantarse el profeta Isaías de su tumba para plantar cara al Obispo.

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  • el 8 noviembre, 2020 a las 9:17 pm
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    Un judío, con Isaías 5,8-9 en mano, podría sacar los colores al catolicismo. Para que después digamos que el fariseísmo es sinónimo de actitud hipócrita.

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