Pedro Casaldáliga, ejemplo de santidad y de entrega a los pobres.

Pedro Casaldáliga está ya en la clínica de Batatais de los claretianos

Su entrega a los necesitados fue lo que más llamó la atención a los que vivieron con él.

Pedro se identificó desde el principio con los más pobres, porque ellos están en el centro de su vivencia cristiana. El 23 de octubre de 1971 fue ordenado obispo y lanza su primera carta pastoral: “Una iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social”. Fue secuestrada. Llegaba inoportuna, pero valiente, la voz de Pedro en aquel momento en que la dictadura intensificaba su control e intentaba silenciar todas las voces críticas.

Casaldáliga es un santo, sea canonizado o no, ha sido muchas veces un estorbo para la Iglesia, una voz tan irritante como las de los profetas de Israel tronando contra los poderosos.

Lo paradójico de los santos es que, a la vez que un estorbo (en otros tiempos hasta encarcelados como herejes), son la mayor bendición para la Iglesia: «el reflejo de la presencia de Dios» según el papa Francisco.  «Sin el Espíritu -dijo Benedicto XVI-, la Iglesia se reduciría ciertamente a un gran movimiento histórico, una institución social, compleja y sólida, a lo mejor una especie de agencia humanitaria, como sostienen cuantos la contemplan fuera de una perspectiva de fe; pero en su verdadera naturaleza y en su presencia histórica más auténtica, la Iglesia, incesantemente, es plasmada y guiada por el Espíritu de su Señor».

 Casaldáliga es símbolo de esta iglesia teologal que vive desde la Gracia de la fe, esperanza y caridad. Y que le lleva a la santidad en la pobreza evangélica con la comunión fraterna de vida, de bienes y de luchas por la justicia con los pobres de la tierra. Tal como nos está mostrando Francisco, Pedro casaldáliga es testigo de la iglesia misionera en salida hacia las periferias. Iglesia pobre con los pobres que asume sus causas liberadoras, en la promoción del Reino de Dios y su justicia, siguiendo a Jesús Pobre-Crucificado. Pedro Casaldáliga  es así un santo y testigo de toda esta fe con una vida moral madura, creíble y coherente tal como nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia.

Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. (Gaudete Et Exultate 1) Hay muchos tipos de santos. Además de los santos oficialmente reconocidos por la Iglesia, muchas más personas corrientes están escondidas de los libros de historia y aun así, han sido decisivas para cambiar el mundo. En las Bienaventuranzas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas. Aquí la palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha. Solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

Pin de Fabio Ariel Benitez Martinez en Tiberíades | Mensajes de fe ...

Un cristiano debe ser un «signo de contradicción» -una luz en la cima de una montaña- una antorcha en medio del mundo. Su vida entera es un silente reproche para los pecadores, una luz de esperanza para los oprimidos, un rayo de sol para los que están tristes, una fuente de valor para los desposeídos y un signo visible de la realidad invisible de la gracia. Sólo nuestro comportamiento con aquellos que están en situación de miseria puede indicar, de modo definitivo -y podríamos decir infalible-, si hemos acogido o hemos ignorado a Cristo. También es verdad que la palabra del Hijo del Hombre deja asombrado a todo el mundo cuando declara: «Tuve hambre y ustedes me dieron de comer», o bien: «Tuve shambre y ustedes no me dieron de comer«. Cristo estaba donde nadie se imaginaba que estaría. De esta manera, entrar en relación con los que son rechazados, con el fin de ayudarles a cambiar su situación de miseria, es entrar en relación con Cristo a quien nosotros acogimos o no.

Para llegar a esa santidad como casaldáliga, hay en realidad que sacrificarlo todo; no puede estimarse en poco cualquier cosa a la cual uno se apega. Por poco que esto sea el corazón se apega entero, con tanta fiereza como si se tratara de un bien eximio. Se concentra, intensifica sus afectos. No hay más que un remedio: quitarlo todo, no adherir a nada más que a Dios solo. ¡El santo es el que realiza este deseo!

Los que así obran proceden empapados de sobrenatural, engendrados en su obrar de sobrenatural, deificados. La actividad humana se hace santa mientras está unida al querer divino. Lo único que impediría nuestra santificación en el obrar es la independencia del querer divino. Para obrar sobrenaturalmente, para alcanzar el Infinito no hay más que un medio proporcionado: que Dios obre en nosotros, que el Infinito se encarne en nuestra operación.

 San Agustín dijo hace muchos siglos: “Tú nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en ti” .Esto es cierto para todo corazón humano. No podemos ser felices sin Dios y el anhelo de él es que todos nosotros seamos felices y bienaventurados en él.

El Papa Francisco propone santos “de clase media” que busquen la santidad en dar lo mejor de sí mismos en su vida cotidiana, más allá de “supuestos éxtasis” y cercanos a los pobres y a los que sufren, en su nueva exhortación apostólica ‘Gaudete et Exsultate’ (Alegraos y regocijaos), sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

Además, explica que el “carnet de identidad” del cristiano y la clave para llegar a ser santos son las bienaventuranzas: ser pobres en espíritu y corazón; ser mansos, incluso con los adversarios –algo en lo que reconoce que la Iglesia se ha “equivocado” muchas veces; llorar con los que lo están pasando mal; ser misericordiosos; buscar la justicia.

En el capítulo 25 del Evangelio de san Mateo hallamos un protocolo sobre el cual seremos juzgados: ‘Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. La santidad no puede entenderse “al margen” de este compromiso con los demás. La Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados como Pedro Casaldáliga que invitan “a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante”. 

Cristianos Gays » Pedro Casaldáliga

El testimonio de la Iglesia ha de ser elocuente y significativo, como profecía en acción. Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos. Este servicio profético se concreta en la práctica de la misericordia y de la justicia nueva con los desvalidos (Mt 5,16). Como el Buen Samaritano, la Iglesia evangeliza, ofrece la buena noticia sobre Dios, cuando, libre de falsas seguridades (Lc 9,57-58; 10,37) busca y salva lo que estaba perdido (Lc 19,10), abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana, reconociendo en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador, pobre y paciente, sirviendo en ellas a Cristo (LG, 8; AA, 8).

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