Los políticos que nos merecemos.

 

“El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido”. Winston Churchill.

Gonzalo Caballero ha resistido, de un modo casi opaco, como si no estuviera gobernando en cinco ciudades (seis si incluimos Vilagarcía de Arousa) y como si el PSOE no estuviera gobernando en España. No ha sido capaz de acabar siendo el primero en votos en ninguna de las ciudades en que gobierna, incluida Vigo, donde a nivel municipal se puede hablar de una clara hegemonía socialista.

El PSdeG ha concurrido con la fórmula más anticuada y estereotipada que tenía: con un candidato a quien desconocía más del 50% de los gallegos; monocorde, sin discurso (sólo un continuo sonsonete insistiendo en que Feijóo estaba desgastado…)

No lo tiene fácil porque a las elecciones fue enquistado estrictamente entre los “suyos”, ignorando que existe un partido de los socialistas más extenso que el que forman sus fieles, sus amigos… Sin embargo, ni se le pasó por la cabeza la idea de dimitir, como él mismo exigió, años atrás, que hiciera Pachi Vázquez, porque éste había obtenido 18 diputados (cuatro más que él ahora). Más bien transmitió a los suyos su voluntad de seguir y de revitalizar el partido, sin decir cómo ni con quién. Una tarea que, por cierto, ha abandonado desde que llegó a la secretaría general. G. Caballero renunció a ser el portavoz del grupo socialista en el parlamento gallego, Abel Losada se hubiese echado a un lado, pero no tuvo agallas y dejó pasar una gran oportunidad de ponerse en escena y liderar la izquierda gallega. Pachi Vázquez le da mil vueltas.

De Unidas Podemos casi no hace falta ni hablar. Lo definió Pablo Iglesias en un tuit: “fracaso sin paliativos”.

Galicia ha demostrado que, de una u otra forma sigue como siempre, y que prefiere seguir como siempre. Eligió la fórmula de lo malo conocido. Eso sí: en medio de una cierta indiferencia que retorna a las fórmulas de las grandes abstenciones.

Feijóo cuando llegó al poder en 2009 el PP ya había elaborado un plan para convertir la sanidad en una mercancía. En una entrevista aseguró, en los inicios de su mandado,  que era partidario de privatizar “todo  lo que no sea él núcleo duro del sistema sanitario”. Se entregó a la tarea desde el primer momento . Comenzó por los servicios de apoyo: la historia clínica, la receta electrónica, la central de llamadas, las telecomunicaciones, los servicios de  catering, la limpieza y la energía, el mantenimiento de los equipos, el almacenamiento y distribución de material sanitario: todas estas parcelas pasaron a manos privadas en poco tiempo. Continuó con la entrega a empresas privadas de la gestión del alta tecnología, el laboratorio central de Galicia, la investigación clínica y las contrataciones públicas del Sergas.

Durante sus mandatos el Sergas recortó el presupuesto  en más de 1.000 millones de euros (una reducción del 18% respecto al de 2009). Mientras tanto la sanidad privada creció de forma imparable: ahora ya realiza el 25% de la atención hospitalaria de la  CCA. Esto tuvo como consecuencia  la supresión de más de 500 plazas de personal médico, 184 de enfermería y 1.121 en todas las categorías, así como el cierre de camas. El número de camas hospitalarias  en los establecimientos sanitarios del Sergas viene reduciéndose desde el regreso del PP al poder en 2009. De las 9.863 camas que ese año había en funcionamiento, se pasó a 9.126, un descenso de 737. El número total de camas instaladas también se recortó, pero algo menos (575). El número de camas en funcionamiento por cada mil habitantes se redujo de las 3,6 a las 3,34, lejos de los estándares europeos (alrededor de 5 camas por cada mil habitantes). Un país envejecido y con pacientes  pluripatológicos, que precisan ingresos hospitalarios reiterados, no permite reducir las camas hospitalarias, por mucho que ahora se hagan más cirugías sin ingreso o de corta estancia.

Todo se reduce al poder, todos conspiran en favor de sus intereses y se vuelven íntimos amigos, solo “pelean” en las urnas donde los legitima el pueblo, ese mismo pueblo que va a misa a pedirle a Dios que los ayude, que haga algo contra los corruptos, que les ayude a conseguir trabajo, que les de mucha salud para no tener que ir a morir o a sufrir en los hospitales.

Si tan solo los entes de control hicieran su tarea y mandaran a la cárcel a todos aquellos que se roban nuestras ilusiones, a todos aquellos que dejan sin comida a los niños, sin medicamentos a los enfermos, sin sueldo a los profesionales de la salud, si tan solo el pueblo entendiera que vender el voto es una puñalada contra nuestras esperanzas entonces, ahí, entenderíamos el verdadero valor de participar votando y no vender nuestra conciencia.

Está de moda hablar mal de los políticos. Es como una catarsis. Parece que una vez cumplido el trámite, ya podemos irnos tranquilos a la playa, a cenar con los colegas o incluso en tiempo de comicios a votarlos (quizás al mismo que habitualmente despellejas)

Los políticos son como una tortuga subida en un poste. 1: No entendemos cómo llegó ahí. 2: No podrás creer que esté ahí. 3: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí. 4: Estás seguro de que no debería estar ahí. 5: Serás consciente de que no va hacer nada útil mientras esté ahí.

Ni hay lugar para la ilusión, ni previsión de posibles espacios políticos que se liberen del integrismo económico y social vigentes.

PP y PSOE, no ofrecen otras alternativas fuera de unas prácticas marcadas por un matiz neocapitalista y antisocial feroces.

Seguirán con sus listas cerradas, un sistema ya caduco y perverso que ha dado ya todo lo que tenía que dar de sí.

Sería el momento de plantearnos en serio, lo que cada vez se verbaliza con más decisión a la hora de diseñar una sociedad más humana y viable. Organizaciones cívicas fuera del control de los partidos.

Pasó el momento de los partidos políticos. Creemos democracias representativas, donde nuestros elegidos, sean personas honorables, libres de la presión de los aparatos políticos y surgidas desde las bases mismas de los pueblos.

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Un comentario en “Los políticos que nos merecemos.

  • el 2 agosto, 2020 a las 3:35 pm
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    Así es el lucrativo negocio de esto que llaman democracia. Unos de forma descarada y otros de forma subrepticia, dedicándose a desviar fondos públicos, nutridos a base de impuestos a la plebe, hacia los bolsillos privados de amigos y testaferros.

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