Los feligreses de Conil quieren que su párroco se quede, «Cuando alguien ha necesitado algo él ha llamado a su puerta»

Rafael Vez

Rafael Vez ha sido nombrado capellán del hospital de Puerto Real «a tiempo completo» tras la polémica suscitada en las últimas semanas.

Rafael Vez llegó a Conil procedente de su San Fernando natal y escribía en Religión Digital, una publicación católico progresista, muy alejada del pensamiento del obispo

«Si alguno piensa que me voy a callar ante lo que está sucediendo en la Diócesis, quiero despejarle la duda: no me van a callar. Seguiré levantando la voz y denunciando aquello que considero alejado del Evangelio»

El sacerdote, arropado por las autoridades y por la gente, se siente alegre y consolado por su apoyo, mientras deplora «las formas» del prelado y asegura que está dispuesto a solucionar el conflicto «con diálogo y buena voluntad», algo que, según el parroco hasta ahora, no ha habido por parte del titular de la diócesis.

Confieso que me da poco que pensar cuando leo declaraciones de obispos diciendo que las elecciones sean limpias y que debe de respetarse el voto.

Está demostrado en que las costumbres religiosas tienen una gran influencia y son determinantes en el modo cómo se ejerce el poder en el ámbito civil. Si las personas se acostumbran a ser pasivas en su comunidad religiosa, serán también pasivas en el ámbito civil; por el contrario, si son activas y participativas en los asuntos de su iglesia y en su diócesis, serán también activas y participativas en sus organizaciones civiles y políticas. Esto lo estableció hace tiempo el sociólogo alemán Max Weber en su obra «La ética protestante y el espíritu de capitalismo» 

De igual manera, el catolicismo puede ser asociado con el despotismo ilustrado y autoritarismo al que tienden algunos jerarcas católicos.

La iglesia no puede limitarse a anunciar la Palabra, suscitar adhesión a la fe y convertirse en una iglesia de rebaños, de masas, o de gente no convertida, sino que debe buscar la transformación de la persona y de la historia por la fuerza del Espíritu.

Los dirigentes religiosos están muy preocupados ante la indiferencia y la frialdad religiosa que se manifiesta incluso entre sus propios feligreses. Las grandes iglesias enseñaron a sus fieles lo ficticio y no la realidad de Cristo. Por esto, muchas personas sienten un vacío enorme, pues aprendieron a cumplir con ritos, con normas rutinarias, y a vivir con lo que satisface la carne. Nunca fueron convertidos a una vida nueva. “El que es nacido de carne, carne es” (Jn 3,6).

Todo lo que se realiza según la carne, aún en el terreno religioso no puede producir frutos espirituales.

Si a las multitudes se les enseñase el cristo evangélico no veríamos estos estados de crisis colectiva y los jerarcas no tendrían motivos para preocuparse y alarmarse.

El hecho de que muchos fieles se pasen a las sectas no es algo que pueda considerarse intrascendente. Se debe, en realidad, a una insatisfacción religiosa. En las sectas, las gentes encuentran comunidades pequeñas y de grandes lazos afectivos, donde cada uno se siente valorado por lo que es; donde se permite la participación directa de todos; donde los ministros suelen ser personas que pertenecen al pueblo… y además, las celebraciones son vivas, alegres y fraternas.

No olvidemos tampoco que en la parábola del buen samaritano, el texto condena al sacerdote que consideró más importante seguir hacia su ritual que el pararse y mancharse las manos con el herido, apaleado y dejado tirado al lado del camino.

Así las cosas, un pueblo que no encuentra en la religión la manera de transformar eficazmente su situación tiende a acudir a las sectas en busca de una ayuda y alivio a sus males.

Las palabras que K. Rahaner escribió para el sínodo de la Iglesia alemana siguen teniendo actualidad hoy en día: “¿Dónde se habla con lenguas de fuego de Dios y de su amor? ¿Dónde se mencionan los mandamientos de Dios, no como un penoso deber que cumplir, sino como una gloriosa liberación del hombre o de la angustia vital y del egoísmo frustrante? ¿Dónde en la Iglesia no sólo se ora, sino que se experimenta la oración como un don pentecostal del Espíritu, como una gracia sublime…?”

“La iglesia no está plenamente formada, ni vive plenamente, ni es representación perfecta de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo sin la presencia activa de los seglares” (AG 21)

¿Se ocupan de manera efectiva la mayor parte del clero y religiosos en despertar y orientar esta vocación apostólica en los seglares?

Prediquemos el genuino Evangelio de Cristo y no atiborremos las almas con tantas obligaciones rituales. Y siempre acudamos al Señor con fe.

 Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo. Necesitamos  más disidentes jerárquicos y de a pie. Ellos son quienes se atreven a desafiar a los jerarcas y el resto de miembros de la iglesia aceptar la inevitabilidad de la muerte, o la necesidad de dejar partir lo que apostólicamente ha dejado de ser relevante, pues como dice Jn 12,24: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”.

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