«Gracias, Casado, Arrimadas e Iglesias: habéis contribuido a poner de relieve que nuestra democracia es una pequeña filfa»

Pedro Sánchez, Pablo Casado e Inés Arrimadas

Miradas cristianas

 José I. González Faus

Pues sí: gracias porque creo que habéis contribuido a poner de relieve que nuestra democracia es una pequeña filfa. Si ya parece oscura la separación de poderes entre el ejecutivo y el judicial, ahora aún parece más oscura esa separación entre el ejecutivo y el legislativo. Todo eso, a raíz de las críticas al gobierno por haber “pactado con Bildu” los dichosos presupuestos.

Dejemos estar la respuesta de otros al PP (que si no quieren que Bildu vote con el gobierno es porque quieren que vote con ellos, con lo cual son ellos los aliados de los “etarras”). Dejemos estar que hace ya diez años que ETA no existe ni mata y que es una vergüenza que Bildu sea incapaz de condenar sus crímenes (aunque tenga a su favor haber conseguido lo que antes todos pedían: sustituir el asesinato por la palestra política). Dejemos esa lógica nueva que oímos en el Congreso y que esgrime lo de “ETA mató a casi mil personas” como una razón para no aprobar los presupuestos; una lógica que Bruselas parece no entender, y los aprueba…

Dejemos estar todo eso. La cuestión es saber si Bildu apoya los presupuestos por su propia cuenta: porque le parecen buenos para el país, o si los apoya porque ha hecho alguna negociación con el gobierno para sacar algo a cambio. La primera es la versión “oficial”. La segunda es la versión de todos los varones “desleales” del PSOE. (Entre paréntesis: tiene gracia ver que aquel Alfonso Guerra que antaño decía que “quien se mueva no sale en la foto”; ahora se ha movido él precisamente para salir en la foto…). La tercera versión es que no ha pactado con todo el gobierno, pero sí con un Pablo Iglesias que se ha ido por su cuenta: aunque sea para conseguir algo bueno como es eso de los desahucios. Pero un buen fin no justifica una traición. Hay otras maneras de hacer las cosas.

Prescindiendo de todo eso, lo importante es que, los que creen que ha habido tal pacto, están poniendo de relieve sin querer, la falsedad de nuestra democracia y la dependencia total del legislativo respecto del ejecutivo: están poniendo de relieve que nuestro llamado Parlamento no es un sitio donde se va a eso: a “parlamentar”. Más “parlamento” habrá en la reunión del gobierno con patronal y sindicatos, que en nuestras Cortes. Porque parlamentar significa escuchar las razones y argumentos de unos y otros y luego votar en conciencia según lo que le hayan convencido esas razones. Nada de eso: aquí todos y cada uno votan lo que les diga su jefe; y el que no, se la carga.

Con este modo de funcionar, las sesiones y discursos del Parlamento son una hipocresía inútil: uno puede estar ausente, distraerse jugando con el móvil o conversando con el vecino sin atender a nada de lo que se dice porque ya sabe lo que tiene que votar. Aunque hablara el mismísimo Demóstenes nada cambiaría. Atender a los discursos del otro solo sirve para ver si se me ocurre una respuesta ingeniosa e hiriente que luego pueda salir en la prensa. Y estar en el Parlamento solo sirve para votar lo que ya me había dicho el Partido y para aplaudir más fuerte el discurso del propio jefe. Para nada más.

Y no digamos nada de la ley de educación que es la que ahora da material para esos aplausos y gritos. Prescindiendo de los valores o vicios que pueda tener la ley Celaa, lo incomprensible es que la ministra no se dé cuenta de que esa ley tiene una vida corta de 4 u 8 años (hasta que vuelva a gobernar el PP y vuelva a cambiarla). Volveremos a hacer un ridículo como el de Alemania cuando el 6-0. Con la diferencia de que Alemania hace el ridículo en fútbol y nosotros en educación: porque lo el pueblo necesita es una ley durable. Uno sueña, a lo Luther King, con un decreto-ley que dijera. Los parlamentarios no cobrarán ni un euro de su sueldo hasta que no consigan una ley estable de educación fruto del acuerdo entre todos.

Si las cosas son así, como parece que son, lo sensato y lo ético y lo lógico sería que el Parlamento (en lugar de 350) tenga solo unos 15 miembros, uno por cada partido, y que cada uno de esos parlamentarios pueda decir: “de acuerdo con las elecciones pasadas, mi voto vale por 93, o vale por 10, o por 13…”. Los demás “parlamentarios” elegidos no necesitan acudir para no hacer nada y cobrar por eso un sueldazo. Con lo cual, el Ejecutivo ser ahorraría unos pocos cuantos que podrían servir para pagar los ERTES, o ayudar a los autónomos o comprar vacunas o cosas así.

Por supuesto, toda esta crítica vale también para Pablo Iglesias, cuando procura que Ciudadanos no vote a favor de los presupuestos. Eso es admitir otra vez que el voto de ese partido no es fruto de una reflexión sobre los presupuestos sino de una negociación con el gobierno; y lo que él no quiere es esa negociación.

Si las cosas son así, queda patente que no estamos en una democracia, sino en una “oligocracia”: con elecciones, pero sin verdadera representación popular. Los partidos sustituyen al pueblo en lugar de representarle. Y la contraprueba de ello es que esta situación podría corregirse con solo que hubiera listas abiertas y se relajara seriamente la llamada “disciplina de partido”. Pero de estas dos reformas no quiere hablar ningún partido. Por algo será.

En fin: ¿lo quieren más claro? Pues lo siento pero, tal como está el planeta quizá no valga ya aquello de “más claro agua”.

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1 comentario

  1. Bien está que recordemos de vez en cuando que esto que falsamente llaman democracia es solo una partitocracia y una pantomima para que hagan su negocio los de siempre.

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