El obispo de Cádiz debería entender que necesitamos una Iglesia pobre para los pobres.

La distinción entre Iglesia rica-poderosa y algunos cristianos pobres-impotentes va en contra del evangelio. En el campo del asistencialismo, la Iglesia se limita –en esa misma lógica– a la gestión de centros de acogida para los menos favorecidos, pero no desconfía de la autoridad civil causante de la pobreza y la desigualdad. Así, en el siglo XIII, como evidencia, “se formaron institutos hospitalarios y militares, sociedades para el rescate de los cautivos”Anota Chenu que “la Iglesia se había convertido en soporte y garante de una sociedad de la que, por lo mismo, era ella la primera beneficiada”

El Papa Francisco al explicar por qué había elegido el nombre de Francisco, dijo: “¡Cómo quisiera una Iglesia pobre para los pobres!”. Es todo un programa para la Iglesia de hoy que el Papa expresó reiteradamente, sobre todo en Evangelii Gaudium (nn. 53-60, 197-291)

Muchos se preguntan: ¿Cómo puede una Iglesia ser pobre y ser al mismo tiempo “para “ los pobres , es decir poder ayudarlos en forma eficaz?

Muchos hacen donaciones a los pobres, pero no experimentan ninguna pobreza en su vida. “Para abrirse a una civilización del amor, hay que caminar hacia una civilización de la austeridad”, escribió el teólogo Ignacio Ellacuría, antes de ser asesinado en El Salvador. Hasta un historiador laico como Gary Cross escribió: “Privarse de una cantidad de bienes superfluos es el único camino para liberarse del círculo vicioso del consumismo que nos lleva al sobre-trabajo para una sobre-ganancia y un sobre-consumo que se necesitan entre sí en forma creciente; todo esto nos impide gozar la vida”.  Ya decía el Mahatma Gandhi: “Vivir más simplemente para que otros simplemente puedan vivir”. La Iglesia, como Jesús, es servidora y como servidora ha de ser pobre. Quien no experimenta ninguna pobreza, difícilmente puede entender a los más pobres. La justicia social busca la igualdad entre las personas, el respeto por los derechos humanos y un orden social justo. Jesús cambió el mundo con el mandamiento del amor. Un amor que considera al otro como hermano, un amor que procede de Cristo y descubre su rostro a los hermanos más pequeños. No pasa así en Cádiz.  Desde el Grupo Cristiano de Reflexión- Acción, formado por 17 personas, todas laicas, le han propuesto a su obispo repetidas veces que ceda algunos de sus muchos inmuebles que posee a través de varias fundaciones, a las personas más necesitadas: personas desahuciadas, inmigrantes, personas sin techo. Le propusieron que cediera el Seminario, actualmente casi vacío, al menos en parte, para estas personas necesitadas, pero no atendió nuestras peticiones. Pero no recibieron respuesta por parte de su obispo.

También han denunciado la política de despidos masivos (más de 20) en el obispado, Caritas, Seminario y parroquias y han estado presentes en muchos de estos juicios, no pocos de los cuales han sido declarados despidos improcedentes, dejando al descubierto las injusticias laborales cometidas por el obispo y demostrando la falta de ejemplaridad en una institución que, social y evangélicamente, debería ser espejo de justicia. Estas actuaciones están muy alejadas del Evangelio de Jesús de Nazaret, que establece la incompatibilidad entre servir a Dios y al Dinero, y responden, más bien, a criterios empresariales guiados por el beneficio, y no por el servicio. Los feligreses de Cádiz tampoco pueden olvidar  el daño tan enorme que se le hizo a José Luis Madueño y a su familia, a quien se le quitó el bar, propiedad del Obispado, que la familia y sus antecesores gestionaban ejemplarmente en alquiler durante más de 100 años, a través de la fundación Carneiro. Tras invertir el tabernero sus ahorros, el obispo no prorrogará un alquiler que paga desde hace 50 años

Rafael Vez, párroco de Conil, ha criticado todas estas injusticias, pero lo ha pagado caro. No podrá celebrar ni ejercer públicamente su ministerio sacerdotal, ni sus oficios de Profesor del Seminario y Canónigo Maestro de Ceremonias, que en la actualidad de facto se me impedían ejercer», explica. José Luis vez a denunciado públicamente en la redes sociales que el Obispado también le prohíbe residir en esta localidad, algo que vulnera su derecho constitucional a residir donde le plazca. El Artículo 19 de la constitución dice: Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional.

 Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos.

La Iglesia no es en sí misma secta, pero ha corrido el riesgo de convertirse en gran secta, alguien diría que es la madre de todas las sectas de occidente, por su clasismo, su visión jerárquica, y sobre todo por la forma de tratar a los «expulsados», salidos de su jerarquía. Pero hay otros que quieren crear Iglesia de un modo distinto. Estos no son gente que ha dejado el arado o que ha mirado atrás, sino que ha visto que había otro arado y otra tierra que sembrar, que había otros caminos de evangelio y de vida, como lo ha visto Rafael Vez, cura de Conil. El Espíritu Santo todavía se mueve poderosamente hoy. Todavía unge la predicación del evangelio, todavía cura a los enfermos y toca la vida de las personas de maneras milagrosas, todavía llena a la gente con el Espíritu Santo y con poder. Tenemos que pedir al Espíritu Santo que nos indique quiénes son los más pobres entre los pobres, los más quebrantados, los más heridos y los necesitados. 

En esa línea, el Papa Francisco sigue diciendo que la verdadera jerarquía de la Iglesia son los cojos-mancos-ciegos, los marginados de la historia, hambrientos y extranjeros, enfermos y encarcelados (pero eso lo había dicho ya Jesús, según Mt 25, 31-46″¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?» (Hech 1,11). Sin duda, estas palabras  dirigidas a los primeros discípulos de, Jesús, deberían convertirse en lema para muchos cristianos. Para todos los que tranquilizan su conciencia con la fe en la otra vida, mientras que en esta vida los pobres se mueren de hambre. Dice el papa Francisco: «Quien se acusa a sí mismo deja lugar a la misericordia de Dios; es como el publicano que no osa levantar sus ojos (cf. Lc 18,13). Quien sabe de acusarse a sí mismo es un hombre que siempre se acercará bien a los demás, como el buen samaritano, y – en este acercamiento – el mismo Cristo realizará el acceso al hermano»

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