Muere por un golpe de calor un jornalero al que dejaron abandonado a las puertas de un centro de salud en Lorca.

Un jornalero de 42 años y de origen nicaragüense ha muerto este sábado en la ciudad murciana de Lorca por un golpe de calor mientras trabajaba en el campo, según informa La Verdad de Murcia.

El teléfono de emergencias recibió del servicio de urgencias del centro de salud local de Sutullena la petición urgente de una ambulancia medicalizada para atender a un hombre al que han abandonado en muy mal estado en esas instalaciones, donde al poco tiempo quedó inconsciente.

Ahora el caso está en manos de la Policía Nacional y del Instituto de Seguridad y Salud Laboral de Murcia, ya que se sospecha que el golpe de calor se produjo mientras estaba trabajando. 

Al fallecido le sacaron de una furgoneta con síntomas de un posible golpe de calor y le trasladaron al interior del centro sanitario. Los sanitarios de la ambulancia medicalizada enviada al centro de salud no pudieron salvarle la vida.

Un hombre «que caminaba como un indigente, libre», apareció de pronto a romper los esquemas: No es verdad que la historia tenga que discurrir inexorablemente por los caminos del sufrimiento que pretenden los poderosos.

Aquel hombre de Nazaret insultó a los ricos de su tiempo por el ansia de acumular, que también es la misma desde entonces: la lógica del capitalismo, seguir llenando graneros irracionalmente. La misma riqueza inicua, el mismo dinero injusto, que cada vez exige más víctimas, que sustituye a los seres humanos por cifras y les hace pensar que todo es poco para estar satisfecho.

Jesús revela a sus discípulos la necesidad de una opción preferencial por los últimos, que han de ser puestos en el primer lugar en el ejercicio de la caridad. El papa Francisco en su homilía en la Santa sede dice los siguiente:” En el espíritu de las Bienaventuranzas, estamos llamados a consolarlas en sus aflicciones y a ofrecerles misericordia; a saciar su hambre y sed de justicia; a que sientan la paternidad premurosa de Dios; a mostrarles el camino al Reino de los Cielos. ¡Son personas, no se trata sólo de cuestiones sociales o migratorias! “No se trata sólo de migrantes”, en el doble sentido de que los migrantes son antes que nada seres humanos, y que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada.”

El Papa Francisco también precisó que, parece como algo natural el retomar la imagen de la escalera de Jacob, señalando que en Jesucristo, la conexión entre la tierra y el cielo es segura y accesible para todos. “Pero subir los escalones de esta escalera requiere compromiso, esfuerzo y gracia. Hay que ayudar a los más débiles y vulnerables. Me gusta pensar, entonces, que podríamos ser nosotros aquellos ángeles que suben y bajan, tomando bajo el brazo a los pequeños, los cojos, los enfermos, los excluidos: los últimos, que de otra manera se quedarían atrás y verían sólo las miserias de la tierra, sin descubrir ya desde este momento algún resplandor del cielo”. Finalmente, el Santo Padre agradeció a los diferentes inmigrantes que han llegado recientemente y que ya están ayudando a los hermanos y hermanas que han venido recientemente. “Quiero agradecerles por este hermoso signo de humanidad, gratitud y solidaridad”.

Es difícil comprender cómo teniendo los ejemplos proféticos y las propias palabras de Jesús como las de Mateo 25, en donde nos dice que fue extranjero y lo rechazamos llegando a un juicio condenatorio, no nos hemos sensibilizado en torno al tema de nuestro compromiso con los marginados, los pobres, las viudas y los extranjeros. 

Dios protegió a los extranjeros y refugiados, un ejemplo lo encontramos en el libro de Rut. Incluso el mismísimo Jesús, cuando niño, junto a sus padres llegó a Egipto como un refugiado más que huía de la persecución, de la intolerancia… ¿Por qué estos ejemplos no nos animan a actuar?

Vivimos en un mundo que hace esclavos a los países mediante las deudas y el poder exclusivista de la tierra. Un mundo que no perdona las deudas, que es lo que dice el Padrenuestro.

Tiene Razón Xabier Pikaza cuando afirma:” la Iglesia fijó, como séptima obra de misericordia, la de enterrar a los muertos, y que «se ha vivido de ella desde entonces, de hacer funerales y cantar intenciones de oración, volviendo a dejar en el margen al preso, al enfermo, al hambriento…» la Iglesia de hoy tiene que desenterrarse y recuperar su misión samaritana. Ser misericordiosa, y convertirse, en consecuencia, seguidamente en una Iglesia justa. «Misericordia es actuar con entrañas, responder por dentro». Añade

El Primer Mundo, como puerto de llegada de tantos hermanos y hermanas prohibidos de vivir dignamente en sus patrias, debe responder con gestos y con leyes a ese derecho de la inmigración.

Necesitamos una liberación integral, la liberación de la ignorancia, la liberación del miedo, la liberación del egoísmo y del pecado, y también la liberación de las opresiones económicas y sociales que degraden la dignidad de la persona humana. En este sentido es una teología también política, porque alcanza e incide las estructuras políticas y sociales. Los profetas –que acabaron todos mal- se levantaron contra los reyes, contra los invasores y anunciaron al pueblo de Dios sus derechos, su libertad. Jesús optó por los pobres, contestó a los poderosos del templo, del latifundio, del imperio, y claro…Cargar la cruz como Jesús la cargó significa, por tanto, solidarizarse con aquellos que son crucificados en este mundo: los que sufren violencia, son empobrecidos, deshumanizados, ofendidos en sus derechos. Defenderlos, atacar las prácticas en cuyo nombre son hechos no-personas, asumir la causa de su liberación, sufrir por causa de esto: he ahí lo que es cargar la cruz. La cruz de Jesús y su muerte fueron consecuencia de este compromiso por los desheredados de este mundo.

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