El obispo Zornoza traslada de forma definitiva al cura de Conil.

Rafael Vez

Rafael Vez ha sido nombrado capellán del hospital de Puerto Real «a tiempo completo» tras la polémica suscitada en las últimas semanas.

Rafael Vez llegó a Conil procedente de su San Fernando natal y escribía en Religión Digital, una publicación católico progresista, muy alejada del pensamiento del obispo

«Si alguno piensa que me voy a callar ante lo que está sucediendo en la Diócesis, quiero despejarle la duda: no me van a callar. Seguiré levantando la voz y denunciando aquello que considero alejado del Evangelio»

En Conil se han celebrado ya varias concentraciones en solidaridad con el sacerdote, además de que el Ayuntamiento aprobó recientemente una moción apoyándole en la polémica.

Tengo la impresión  de que muchos obispos, pasado el amor y el ardor primero de su consagración como tales, comienzan a adaptarse a un ritmo de hacer su labor pastoral, que les lleva a olvidar que ellos son también Pueblo de Dios. Poco a poco van escalando los peñascos de la base hasta situarse en la cima, siempre en el otero, muy por encima de ese pueblo al que deben pastorear. Se acomodan y se sientan con actitud vigilante, tal como harían los pastores de las ovejas que balan, en lo alto del peñasco tocando la flauta, muchas veces con un sonoro deje de prepotencia.

Siempre se dijo que la Iglesia convoca a través de la palabra y de los sacramentos. Pero ciñéndonos a la realidad, son muy raras y escasas las celebraciones litúrgicas  en las que siendo  los protagonistas los ricos, se consiga convocar espontáneamente a los pobres, y sin embargo, lo contrario sí ocurre.                                  

La capacidad de convocatoria tiene su raíz en que desde los pobres la liturgia y la palabra  evocan el origen de la fe, así como su misión no sólo correcta, sino concreta.

La Iglesia de los pobres reconoce y admite que el obispo sea la cabeza unificadora de la Diócesis y ejerza el ministerio de la unidad, pero ese ministerio es en verdad unificante únicamente cuando el obispo escucha la voz de su pueblo y éste reconoce en él su propia voz y puede verlo como al buen pastor que está dispuesto a dar a su vida por las ovejas, a través de una escucha activa y atenta, con actitud de respeto y empatía, de preocupación real, de diálogo sincero, de búsqueda común, de trabajo conjunto, en lugar de limitarse a dirigir, organizar sin más, imponiendo frecuentemente sus criterios, buscando una mayor productividad como hacen los pastores que pastorean el ganado para después esquilar y  ordeñar.

Una de las pancartas de apoyo a Rafael Vez.
Una de las pancartas de apoyo a Rafael Vez. / E.C. (Conil)

Por otra parte también es necesario que los jerarcas den ejemplo poniéndose al nivel de las bases. Los obispos deben abandonar los palacios y vivir como la gente normal. La gente necesita ver cambios concretos y reales como los que ha hecho el papa Francisco, que ha dejado el palacio para ir a vivir a una residencia. Cuando los obispos formaban parte del imperio romano, eran grandes señores. Ahora deberíamos volver al tiempo en que  los obispos sean personas de a pie y cercanas, creyentes entre los creyentes.

Evangelio es el encuentro y la permanencia con Jesús; esto es lo que escuchamos algunas veces en las homilías, pero no cala, porque las normas se anteponen muchas veces: esto está prohibido, esto no es lo que piensa la Iglesia… La norma cuando se antepone a la persona criminaliza a la persona, la hace culpable, excluida.

San Gregorio comenta que una de las maneras suele demostrarse la hinchazón con que se da a conocer la arrogancia”La primera de ellas es “cuando cada uno cree que lo bueno nace exclusivamente de sí mismo”

Está bien recordar que el Papa pidió a sus representantes que dejen de ponerse “zancadillas”, el Papa Francisco en su meditación previa al Angelus, condenó con fuerza el fariseísmo en la Iglesia, encarnado por aquellos que buscan el poder y, como dice el Evangelio, “atan fardos pesados, difíciles de llevar, y se los cargan en la espalda a la gente, mientras ellos se niegan a moverlos con el dedo”. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo. Es más fácil cambiar la sensibilidad personal y ofrecer un nuevo estilo de ejercer la autoridad que acometer las necesarias reformas en la Iglesia y replantear sus instituciones.

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