El asistencialismo de nuestros señores diputados

Han pasado ya casi tres meses desde que el IMV está vigente. Nadie, nadie, ni el más ferviente enemigo del IMV (Ingreso Mínimo Vital) y partidario de la RB (Renta Básica) llegó a imaginar un escenario tan desastroso, que dejaría en lugar modesto a algunos de los cuentos de horror de Stephen King. Pero los del prolífico autor son al fin y al cabo cuentos, el IMV es una cruda realidad. Ahora los defensores del IMV piden tiempo. Con tiempo el IMV funcionará. ¿De verdad se puede defender esta posición ante la situación de necesidad de gran parte de la población? ¿Cuánto tiempo? ¿Un año, dos? Pocas esperanzas se ofrece para las personas que tienen escasos ingresos, si alguno, que son muchas y cada vez son más. Recordemos además que el IMV está dirigido, según el ministro del ramo, a los extremadamente pobres, con lo que los pobres que no lo sean extremadamente ya están por diseño excluidos, el 80%. De entrada.

 Datos que ofrece la UGT. 714.000 solicitudes presentadas. Solo se han resuelto 32.629, el 4,57%. Menos de un 5% de resoluciones: a eso se le llama urgencia social. Y de las resoluciones solamente el 12,7% han sido favorables. Es fácil el cálculo: el 0,58% del total presentadas. Poco más de 4.000, ¡de 4.000! De ahí que el secretario general de la UGT declare que el IMV “no lo cobra nadie”

Debe exigirse responsabilidades, porque hay millones de personas en situación desesperada y porque este desastre ya lo hemos visto en las recientes implantaciones de otras rentas condicionadas mínimas autonómicas. Y un gobierno que no es capaz de remediar una situación socialmente tan crítica para millones de personas, es sencillamente un gobierno inútil para las necesidades urgentes y esenciales de la ciudadanía más vulnerable, un gobierno que no merece el menor crédito.

Me asombro con la noticia de que el Congreso de los Diputados abrirá sus puertas la próxima nochebuena para repartir alimentos a personas sin hogar y en riesgo de exclusión social.  El acto consistirá en la entrega de comida preparada para llevar «a última hora de la tarde del día 24 de diciembre, así como, eventualmente, de un pequeño obsequio institucional». Para la entrega el Congreso abrirá excepcionalmente sus puertas esa tarde y la señora presidenta buscará voluntarios entre diputados y personal de la cámara. Además, qué buenos son, el Congreso correrá con todos los gastos. Para entregar unas bolsas y el pequeño obsequio institucional, los pobres tienen que presentarse en el Congreso, acompañados, por supuesto, de la correspondiente nube de cámaras y fotógrafos. ¡ Me parece que esto es reírse de los pobres!

Así las cosas, del millón de peticiones que han llegado de la Renta Básica entre junio y septiembre, se han procesado hasta septiembre 320.000 solicitudes y, de ellas, se han aprobado 90.800 (un 28% del total de las revisadas). Se han denegado 86.152 (un 27%) y siguen pendiente de subsanación 141.995 (el 45%).

Julen Bollain, economista e investigador en Renta Básica y miembro de la Red Renta Básica, resalta en este caso que, en definitiva, “el IMV está fracasando estrepitosamente y las consecuencias de su mal funcionamiento están condenando a muchas familias a la más absoluta vulnerabilidad”.

A su juicio, “no nos engañemos el IMV y su presupuesto de 3.000 millones se queda muy corto en comparación tanto con lo que el PSOE proponía en su último programa electoral (6.000 millones de euros) como con la propuesta de la AiREF en 2019 (5.500 millones de euros). Ni qué decir en comparación a lo que Podemos propuso en aquellas elecciones europeas de 2014, que no era una renta mínima sino una renta básica incondicional con la que se garantizaría el ‘derecho a una renta para todos y cada uno de los ciudadanos por el mero hecho de serlo y, como mínimo, del valor correspondiente al umbral de la pobreza con el fin de posibilitar un nivel de vida digno”.

En el fondo el problema reside en si se quiere o no terminar con la pobreza. Los modelos actuales en el Estado español no lo consiguen y hacen de las personas dependientes de las ayudas oficiales, es decir en manos de los gobernantes. Una mala conclusión, que llega de la existencia propia de la pobreza y la inclusión y del propio mercado laboral precarizado y con bajos salarios. Un informe reciente de Cáritas, Focus. Trabajo decente: vulneración de derechos” indica que “la realidad de ser trabajadores y ser pobres, a pesar de madrugar a diario y dedicar gran parte de su tiempo y energías a cumplir en su empleo, afecta a casi 2,5 millones de trabajadores pobres (13% de los trabajadores), quienes, a pesar de estar empleados, no logran abandonar situaciones de pobreza relativa” en el Estado español. En la CAV los trabajadores pobres suponen el 15,8% y en Nafarroa, el 14,1%.

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