Christina Moreira reclama al papa ordenar sacerdotisas, obispas y cardenalas.

Christina Moreira es una mujer que imparte paz, gozo y optimismo. No hablo de belleza exterior, maquillaje o ropa lujosa. Tampoco hablo de sonrisas forzadas y practicadas. Se trata de esa belleza que refleja la paz de un corazón perdonado y enamorado del Padre celestial.

Está llena del Espíritu Santo y busca la dirección de Dios para actuar y hablar de acuerdo con lo que él le muestra. Es una mujer que refleja el gozo y la paz del Señor. Sus palabras son bálsamo y están llenas de bondad. Su hablar trae sanidad y paz a los que la escuchan. Ella infunde ánimo y optimismo a todos los que la conocen.

Su anhelo es reflejar el corazón de Dios y vivir una vida de obediencia que lo glorifique a Él. Vive en constante servicio a Dios y a los demás.

El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. (Gálatas 5:22-23)

Christina Moreira es una mujer con una fe inquebrantable y un optimismo basado en su fe en Jesús. Ella confía en el poder de Dios y ante los problemas de la vida, sabe a quién acudir: a su Padre celestial. No deja que el estrés le robe la paz sino que lleva sus preocupaciones a Dios en oración y le agradece su intervención de antemano. Tiene la seguridad de que él no la dejará sola. 

Es una mujer que ama a Dios y busca su aprobación antes que la de los hombres. Ante cada situación o decisión ella le pregunta al Señor qué debe hacer y obedece sus mandatos aunque vayan en contra de lo que le dicte la sociedad. Tiene razón mi amigo José María Weindel al decir que es admirable ver mujeres valientes que luchan contra el aparato inamovible de una iglesia arcaica. Es Lo más parecido a un clavo que golpea una maza con la triste esperanza de hacer parte de una tabla del barco que recoge a los náufragos de la tierra.

Comparto la entrevista realizada por Xavier Barros a Christina Moreira:

Xavier Barros

Santiago de Compostela, 17 oct (EFE).- La presbítera Christina Moreira, una gallego-francesa que el mes pasado, junto a otras seis mujeres, reclamó al Vaticano aplicar la igualdad de género, pide al papa Francisco que ordene sacerdotisas, obispas y cardenalas católicas para acabar con la discriminación femenina.

En una entrevista telefónica con Efe, Moreira aseguró no haber recibido aún respuesta alguna del papa, que se limita a ofrecer mensajes «enigmáticos» como preconizar «una presencia femenina más incisiva», lo que le parecen más «caramelitos» o «consuelos» que un verdadero compromiso con la reforma que piden muchos católicos.

La discriminación de género en la Iglesia católica «acabará, como ocurrió con la esclavitud, con la falta de sufragio femenino, con la imposibilidad de celebrar matrimonios homosexuales» y «un sinfín de derechos conquistados», opina Moreira, una de las siete candidatas en Francia a puestos de la iglesia católica prohibidos a mujeres.

Observa que la falta de vocación sacerdotal, la desatención a los feligreses, la inmadurez del clero ante al machismo, el paternalismo estructural y otros factores están encendiendo un «creciente clamor popular», aunque «nadie sabe cuál será la «palanca definitiva» para saltar el infranqueable muro de limitaciones erigido durante siglos y cimentado en el siglo XVII con el derecho canónico.

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Moreira, una de las cientos de miembros de la Arcwp, una asociación de presbíteras católicas que ejerce en numerosos países, espera que los católicos se acostumbren pronto a ver a «mujeres con estola y casulla sin que resulte estrafalario», y, por ende, a que «no por llevarlas una mujer lo consideren un disfraz».

Partidaria de acabar, además, con la soltería clerical, Moreira, casada con un sacerdote, opina que «la obligatoriedad del celibato ha hecho mucho daño» y ha llevado incluso al suicidio a jóvenes y aspirantes a esa profesión de fe.

«El celibato consentido, asumido, ofrecido como voto, como hacen los monjes, puede ser un tesoro incomparable», enfatiza, pero «qué sentido puede tener desde el momento en que es algo obligatorio y no voluntario», más aún «sin la formación y preparación adecuada», se pregunta.

La renuncia de innumerables clérigos a la Iglesia católica para poder casarse ha llevado a esa institución a «perder muchas joyas humanas para el ministerio», alega, y considera que acabar con esa normativa que otras ramas del cristianismo no han asumido permitiría «recuperar tesoros» de personas que «saben amar, tienen familia, han criado hijos, han trabajado, han estado en el paro, que asumen responsabilidades».

Moreira lamenta el sinfín de «casos clamorosos» de clérigos con parejas e hijos ocultos, de embarazos, de maltrato a mujeres y mucho sufrimiento, y especialmente de los escandalosos asuntos de pederastia en numerosos países con la complicidad de superiores jerárquicos.

El papa Francisco planteó hace ahora un año la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados en algunas zonas remotas del planeta como el Amazonas, sugirió hace cuatro años permitir a los divorciados volver a casarse y hasta preconizó el respeto a los homosexuales, aunque sin considerar el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero faltan medidas concretas, considera, que inscriban los cambios de forma eficaz y permanente en la praxis eclesial.

El Vaticano adoptó en diciembre pasado el levantamiento del silencio pontificio en investigaciones sobre abusos sexuales, tras la presión de numerosos sectores, pero poco más en otros aspectos.

Tras varias comisiones de estudio sobre el tema, el papa y teólogo Jorge Mario Bergoglio ha rechazado ordenar incluso cargos de menor rango como diaconisas, mujeres que pueden suministrar sacramentos, cuya figura existió en la Iglesia primitiva y desapareció con el paso del tiempo.

La presbítera católica cree que ha llegado la hora de una limpieza, de exigir transparencia y una gobernanza comprensible en las sociedades democráticas, y de acabar con una postura machista alejada de un mundo cada vez más reacio a la desigualdad de género, color de piel u otra forma de tratamiento discriminatorio.

Mientras muchas iglesias protestantes cuentan con mujeres que ofician misa, celebran ritos y ceremonias y ocupan cargos de poder y responsabilidad, en el catolicismo, las mujeres se sienten todavía relegadas bajo un techo de cristal.

Medio milenio después de una Reforma que llevó al cristianismo a un cisma, Moreira reclama al papa reformas para que las mujeres puedan ocupar en la jerarquía católica los cargos de presbítera, obispa, arzobispa o cardenala en las mismas condiciones que los hombres. EFE

xb/am/fg

La Vanguardia

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2 comentarios en “Christina Moreira reclama al papa ordenar sacerdotisas, obispas y cardenalas.

  • el 17 octubre, 2020 a las 12:48 pm
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    Es admirable ver mujeres valientes que luchan contra el aparato inamovible de una iglesia arcaica. Es Lo más parecido a un clavo que golpea una maza con la triste esperanza de hacer parte de una tabla del barco que recoge a los náufragos de la tierra.

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  • el 17 octubre, 2020 a las 5:01 pm
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    No me gusta la entrevista de la Agencia Efe, aunque reconozco que es una entrevista muy profesional e las formas, dónde tanto la entrevistada como el periodista han llevado el agua a su molino.

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