Unidades pastorales en Mondoñedo Ferrol.

No hay sacerdotes en las parroquias y la edad de los que continúan es muy avanzada.

En la diócesis de Mondoñedo- Ferrol, aseguran que “a todos nos cuestan los cambios, pero el camino de las Unidades Pastorales es el que necesitamos recorrer en esta época de escasez de vocaciones, un clero de elevada edad, una población también envejecida y una despoblación de muchas zonas”, al mismo tiempo que indican que se intentará, en todo momento, que cada parroquia tenga una misa propia cada quince días. 
“Algunos curas estaban llevando hasta 14 parroquias, así que ahora lo que se hará es agrupar iglesias cercanas entre sí para que cada persona pueda tener cada domingo una misa desplazándose unos 15 o 10 minutos, es algo a lo que no estamos acostumbrados pero es necesario hacer un cambio de mentalidad”, aseguran.

Dentro de diez años la diócesis de Mondoñedo-Ferrol tendrá cincuenta sacerdotes con una media de edad de más de ochenta años. ¿Se creen lo de las unidades pastorales? ¿Quién las va a animar?

España deja de ser católica: hay más ateos o no creyentes que católicos practicantes

El desenganche de la juventud es brutal…De los 25 años en adelante y hasta, al menos los 65 años, la práctica religiosa regular entre los españoles que se dicen católicos es del 8%

Cuando Manuel Azaña dijo “España ha dejado de ser católica” se refería al Estado…Hoy, en cambio, es la sociedad la que ha dejado de ser católica.Es mayormente laica.

Jesús no creó una institución eclesial, organizada en forma jerárquica, pero es evidente que la jerarquía tuvo que venir pronto, no desde el evangelio, sino a pesar del evangelio.

Se trata de volver a Jesús, humildemente, en su camino de Galilea, con inmenso gozo y esperanza creadora de Reino, como quiso y quiere J. Moltmann, teólogo de tradición evangélica y apertura “católica” (universal), testigo del Dios‒Trinidad.

«La primitiva cristiandad fue perseguida como impía y enemiga del estado tanto por el poder estatal romano como por los filósofos gentiles». En esa línea, también hoy los cristianos tenemos que ser ateos: No creemos en los dioses del estado, ni el Dios‒Dinero, sino en el amor gratuito, creador de esperanza (es decir, que es la esperanza).

Todos los seres humanos hemos sido creados necesariamente con una relación con Dios porque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Afirmaba el monje benedictino Juan Antonio Pascual  en su libro, “el ateísmo experiencia cristiana de Dios”“El sujeto divino carece de personalidad auténtica. Su existencia es meramente sugerida por el fetichismo psicológico de las ideas, que en el plano intelectual reproducen la proyección animista de los instintos infantiles. Dios se convierte entonces en el lugar geométrico de todas las ideas, y tanto más cuanto más generales sean estas. El hombre que aún no ha descubierto a Dios, tiene en el prójimo la norma axiológica más exigente  de su comportamiento humano. Pero en su profundidad esta exigencia es la expresión de la inclinación constitutiva del hombre hacia el Tú absoluto.»

Cristo es la revelación personal de Dios. Quien cree en él, no puede prescindir de Él en su entrega al prójimo. No es que la fe sustituya al prójimo por Cristo, sino que hace vivir la entrega al prójimo  en la profundidad y ultimidad sobrenaturales, como la vivió Cristo. El que cree ha de amar exigitivamente como Cristo nos amó. El amor radical y absoluto a Cristo exige a veces la renuncia dolorosa al prójimo más próximo (Mt 10:37)Pero tal renuncia no es desprecio, mucho menos negación, sino la manera originalísima e inefable de entregarse a él misterioso amor de Cristo, que resulta una paradoja de dolor y de escándalo para la mera razón.

El ser humano es capaz de Dios, dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar” (Catecismo, 27). Y el Concilio Vaticano II indica:La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva” (Gaudium et Spes, 19).

Cuando el ateo se compromete seria y profundamente en la vida humana, es inevitable que toda su inquietud sea una intensa “agonía” religiosa. La afirmación de Unamuno resulta entonces paradójicamente cierta:” Los verdaderos ateos están locamente enamorados de Dios”  Los profetas bíblicos también tienen un discurso y una práctica atea, en cuanto denuncian la opresión y critican a los líderes  que se someten al dios–ídolo. Los profetas criticaron duramente a los dirigentes sometidos a sistemas político–religiosos que oprimían a los débiles, afirmando que estaban siguiendo a dioses falsos, a ídolos o fetiches: “Venid ídolos (dioses), a presentar vuestra defensa; venid a defender vuestra causa –exige el profeta Isaías, que luego añade– ¡Pero vosotros no sois nada, ni podéis hacer nada!” (Isaías 41:21, 24). También los cristianos de los primeros siglos, bajo el imperio romano, fueron acusados de “ateos”, porque se negaban a adorar y reconocer la divinidad del emperador y a los otros dioses. Esto no era una cuestión limitada al ámbito religioso, sino que implicaba una forma de subversión contra el poder del emperador y su imperio. Además, dicho “ateísmo” afectaba la vida cotidiana, puesto que la fidelidad al imperio era necesaria para poder comerciar y subsistir en la sociedad romana.

El ateísmo contemporáneo no provoca una réplica de polémica, sino que exige una respuesta de testimonio. Pero este testimonio sólo puede darse plenamente mediante una fe y una vida adulta. El rehusamiento de Dios en el ateísmo contemporáneo, oculta un deseo agónico de conocerle en su realidad personal, sin imágenes y figuras que idolatran su rostro.

Dios nos quiere a todos consigo en casa, algunos por vías ordinarias y otros por caminos extraordinarios que Él conoce.

Es razonable creer que Dios ofrecerá un lugar en el cielo para los que explícitamente no se relacionaron con Él en vida.

A los ojos de muchos fieles habituados a una oferta abundante de misas dominicales, el proceso federativo de las unidades pastorales ha sido percibido como un empobrecimiento, o en todo caso una recesión, al menos con respecto al pasado reciente de la segunda mitad del siglo XX. A veces se hace difícil, o incluso imposible, celebrar la eucaristía dominical en cada una de las parroquias de la unidad pastoral. Frente a la disminución del número de misas dominicales la explicación que se les ha dado ha sido con frecuencia la falta de sacerdotes.

Parece que los jerarcas descartan la participación de los laicos para solucionar los problemas de la falta de clero. Para solucionarlo pusieron en marcha las Unidades Pastorales (UPA), Agrupación de parroquias. Agrupaciones que están llamadas al fracaso. Tal orientación pastoral se basa más en una línea de repliegue que en una pastoral de expansión… es una política de repliegue y de renuncia a intentar cambiar el ciclo imparable de descristianización de la sociedad. No piensan en la revitalización de las parroquias tal como tradicionalmente se ha entendido. Tampoco se molestan en buscar nuevos medios para la conversión de las personas a Cristo: misiones parroquiales, ejercicios espirituales, nuevos métodos de evangelización. 

En lugar de todo esto, se cierran librerías religiosas con el pretexto de que no son rentables. Algunos eclesiásticos han caído en la trampa de la planificación y el mercado, aplicando a la Iglesia Católica las formas del sistema. No cabe duda que a la autoridad le resulta más cómodo un súbdito pasivo y receptivo que uno que interroga y creativo. Así, podemos escuchar predicaciones que parecen correcciones y llamadas de atención, y no precisamente fraternas, como si la misión de los sacerdotes fuera recriminar y amonestar en lugar de ilusionar y animar a sus fieles. Esto también es fruto de un clericalismo que abunda mucho en la Iglesia, como ha dicho el Papa. Hay sacerdotes que se sienten más dueños que servidores: » Aquí quien manda soy yo”. Algunas homilías no son sino el reflejo de esa autoridad trasnochada.

Una Iglesia así no es en sí misma secta, pero ha corrido el riesgo de convertirse en gran secta, alguien diría que es la madre de todas las sectas de occidente, por su clasismo, su visión jerárquica. El conjunto, la Iglesia oficial ha respondido sociológicamente como responden las «clases privilegiadas» (o un tipo de sectas). El mismo San Pedro Canisio en 1576 deploraba la inacción de los obispos “que se dormían en su ministerio”.
El satírico Tomás Murner decía: “Hay prelados que cazan, tocan la corneta, cazan venados. ¿Y es acaso clerical que los sacerdotes se conviertan en cazadores y que los perros canten la misa?

El jesuita García Villoslada escribe: “El ausentismo de los pastores fue una de las pestes más dañinas de la Iglesia antes del Concilio de Trento. La falta de vigilancia por parte de los obispos fueron causa de una relajación nunca vista” (Raíces históricas del luteranismo. Página 201-203).
Pero no todo estaba mal en el clero, podemos creer a Wimpfeling cuando dice que él había conocido a muchos sacerdotes de vida integra e intachable en su ministerio sacerdotal. Pero estos sacerdotes debían de ser excepciones.

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