¿Somos hijos de Abraham?

        Por Alberto Fernández 

En las semanas previas​ , había reflexionado acerca del vacío existencial que provoca el​ ateísmo. Había comentado que no son iguales todas las creencias ni todas las increencias. Mencioné que diversas comunidades del primer siglo mostraron haber descubierto a un Dios en el que quizás podría merecer la pena confiar y que volcaron su descubrimiento en lo que conocemos como Evangelios. Vimos que para conocer al Dios de los evangelios era importante descubrir antes al Dios judío. Y finalmente saboreamos la noche en que Dios actuó a favor de los esclavos de Egipto. 

El Señor de Israel es el Dios que aborrece la esclavitud, es el libertador​ , el Dios de Moisés.​ Pero incluso antes, es el Dios de Abraham. 

Cuando Juan el Bautista anuncia la llegada inminente del reino de Dios, los judíos que acuden a él reclaman su derecho sobre el Reino aduciendo que son descendientes de Abraham​              .​ 

¿Y quién es Abraham? ¿Qué Reino es éste?

Nos lo cuenta el libro del Génesis, capítulos 12 a 25​ . Relato complejo, fusión de varias​  tradiciones,  probablemente de entre los siglos X y V antes de Cristo. Tradiciones ensambladas como un complicado rompecabezas, con duplicidades y algunas contradicciones. Difícil no perderse en detalles y costumbres de la época. Es importante extractar el mensaje nuclear. 

Dios prometió a Abraham que recibiría innumerable descendencia y toda la tierra que pudiera​     abarcar. La promesa es formalizada posteriormente por medio de una alianza​ :​ En contrapartida por los bienes divinos recibidos, los descendientes de Abraham se comprometen a ser fieles, sellando su convenio con un ritual, el de la circuncisión, y deben mantenerse además en el camino de la justicia y el derecho. 

Hasta aquí, las conclusiones de una lectura superficial y legalista​ .​ 

Al releer la historia de Abraham en su dimensión humana y espiritual, encontramos a un personaje de una confianza inconmensurable en Dios​ . Cuando siente que Dios le pide salir​ de la casa de sus padres, de su vida acomodada y próspera en su patria, para buscar nuevos horizontes, no duda en ponerse en camino junto a su esposa. Este hombre fiel es bendecido​ con toda clase de riquezas y con un hijo largamente deseado que llega cuando Abraham cumple ya 100 años. Sin embargo, este personaje legendario no se apropia​ ante Dios de​ ninguno de los abundantes bienes que le son otorgados, ni siquiera del más valioso: su único hijo. Su fundamento vital es Dios, en quien confía. Paradigma del creyente. Gigante de la fe​.​ Pero en el análisis del texto descubrimos algo más, de trascendental importancia: En un primer momento la relación entre Dios y Abraham es simple. Dios llama, Abraham se pone en camino y Dios lo agasaja con todas sus bendiciones. Su generosidad es desbordante, no sólo hacia Abraham sino hacia toda su descendencia. En un solemne ​juramento​ ritual (Gn 15), ​al que sólo se somete Dios​, se representa su entrega generosa y voluntaria, sin exigir ningún compromiso por parte de Abraham, quedando implícita la fe que Dios tiene en la fidelidad del creyente. En un segundo momento (Gn 17), otra tradición bíblica introduce un ​pacto​, mediante el cual una de las partes se compromete a cumplir con unos rituales y con unas normas, mientras que la otra parte se compromete a seguir obsequiando con sus bendiciones. Este pacto, que puede expresar la seña de identidad religiosa de un pueblo o un símbolo de fidelidad personal y colectiva en respuesta agradecida ante un Dios generoso, lleva, en germen, el ​riesgo​ de convertirse en un ​sistema de seguridades​ y en un ​pretexto para controlar la voluntad de Dios​, para ​apropiarse de sus dones​. Este es un tema nuclear, latente en todo el mensaje bíblico: la ​dificultad que el ser humano tiene para respetar la libertad de Dios​, nuestra tendencia a ​manipular​ su voluntad y en último término a construir un dios a ​nuestra medida​, para nuestra ​conveniencia​. 

Esta semana comparto el relato de ​Génesis 18,1-10​ con todos los que esperamos ver pasar a Dios para decirle: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo​        ​».

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4 comentarios en “¿Somos hijos de Abraham?

    • el 27 septiembre, 2020 a las 11:06 am
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      Gracias por el comentario. Me anima a seguir compartiendo mi fe.

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  • el 27 septiembre, 2020 a las 11:18 am
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    En un mundo como el nuestro encontrar a Alguien que es el libertador de nuestras esclavitudes, revestidas de tantas formas, ensancha el corazón y nos revitaliza interiormente. De vital importancia me resulta el ser capaces, como Abraham, de no apropiarnos de los dones de Dios, de no manipular su voluntad. ¡Qué bueno sería vivir esto personalmente y qué bien le vendría a nuestra Iglesia reflexionar sobre estas cuestiones con frecuencia y con urgencia!

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    • el 27 septiembre, 2020 a las 11:28 am
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      ¡Cuánta razón tienes, Abel! Gracias por tu comentario.

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