La libertad de expresión presa del miedo y del dinero.

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Cuando hablamos de censura la mayoría de ciudadanos, especialmente los que hemos tenido que vivir épocas y situaciones bien distintas y más complicadas, recrean la imagen del antiguo censor que, bolígrafo en mano, tacha y reescribe aquello que de acuerdo con la moral oficial del régimen no puede ser expresado públicamente. Con la llegada de la democracia desapareció la censura oficial pero comenzaron a levantarse los cimientos de otra censura mucho más perversa basada en la manipulación y el miedo, bajo la máscara de una falsa libertad de expresión encubierta. Es la censura actual. Otra fórmula económica muy frecuente es otorgar grandes cantidades de publicidad institucional y subvenciones a medios afines al gobierno, mientras se castiga a los diarios críticos retirándoles todo el apoyo institucional.

Cuando la prensa sobrevive gracias a las subvenciones públicas otorgadas por el dedo del gobierno de turno ¿qué podemos esperar?  ¿Vamos a usar las mismas armas que los tiranos, la censura, para combatir las ideas que consideramos peligrosas para «el bienestar de la sociedad»? Hoy podemos ser mayoría, ¿qué pasará cuando seamos minoría? ¿Vamos a legitimar el uso de la fuerza para acallar las voces de las cuales disentimos, de las cuales incluso despreciamos? ¿Vamos a renunciar al intento de demostrar a través de la razón y de los sentimientos, que la vida de un hombre no tiene precio, que las personas no son nunca medios sino siempre fines, que la vida y la dignidad de las personas está por sobre cualquier cálculo político y económico?

 «Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto», dice Noam Chomsky. El miedo y los intereses son las fuentes más frecuentes de la autocensura.

La actual crisis económica se ha manifestado como uno de los mejores motores para incentivar la práctica de la censura. Con más de seis millones de parados en nuestro país, el miedo a perder el trabajo que tanto se necesita se ha convertido en el mejor aliciente para «cerrar la boca». La Libertad de Expresión y la Libertad de Prensa son conquistas históricas, pero estos derechos consagrados en los artículos 6° y 7° de la Carta Magna no impiden que algunos periodistas motivados por el miedo a perder subvenciones y a enfrentarse a los poderosos no cumplan con su cometido de informarnos con honestidad y claridad. Lamentablemente parece que hoy la libertad de expresión auténtica sólo está reservada a quienes ya no tienen nada que perder.

La mejor manera de presionar a un medio de comunicación es amenazarle con cortarle los ingresos por publicidad institucional o de empresas. ¿Es lícito que buena parte del Periodismo viva del presupuesto público que supone una espada de Damocles sobre la libertad? Si un medio escribe algo perjudicial de un gobernante, corre el riesgo de quedarse sin la subvención de turno que lo sostiene.

Lo mismo sucede con el dinero procedente de la publicidad de empresas. Por ello, si queremos que el Periodismo tenga credibilidad, debemos soltar lastre y cambiar el modelo de financiamiento en un mundo en el que hay un empacho de información, mucha de ella falsa. Por eso, es el momento de que los medios pequeños, que nacen con vocación de independencia y no le deben nada a nadie, reciban el apoyo de la ciudadanía a la que hay que acostumbrar a pagar por información de calidad. Eliminar a un periodista o lograr callarlo supone ir en contra de toda la sociedad que tiene derecho a conocer qué está sucediendo en su entorno y en el mundo.

El Diario Oficial de Galicia del 29 de diciembre publicó la Resolución de la Secretaría General de Medios, por la que se publicitan las ayudas concedidas a empresas periodísticas y de radiodifusión financiadas con cargo a los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma para el año 2017.

Gracias a Dios tenemos las redes sociales y podemos enterarnos de lo que realmente está pasando, que no todo es de color de rosa y Resistiré, que la gente se empieza a hartar de tanta felicidad falsificada desde los balcones todos los días a las 20:00, de que los sanitarios nos piden que no les aplaudamos sino que exijamos más medios para ellos; o de cómo determinada política del gobierno exigió ser internada en un hospital privado en vez de en uno público, o de que Feijóo da dos millones de euros a la prensa a un mes de las elecciones…Según ha justificado la Xunta de Galicia, para favorecer «la libertad de expresión y difusión» “La liberta de expresión y difusión es un derecho fundamental. Y estos objetivos son obviamente inalcanzables sin un medio de comunicación pluralista e independiente que, en su virtualidad de información e incidencia en la conformación de opiniones y posiciones, para todos los gallegos. Por lo tanto, es necesario que el Gobierno gallego ponga los instrumentos de financiación adecuados al servicio de la promoción y difusión de los medios de comunicación”, ha justificado la Xunta. La ayuda es de 1.255.000 euros para periódicos en formato papel, 266.400 para radios y 455.000 para digitales o versiones digitales de los diarios tradicionales.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice, en su artículo 19: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; derecho que incluye el «no ser molestado a causa de sus opiniones», como también el de «investigar, recibir informaciones y opiniones, y difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

La censura, las interferencias y presiones políticas ejercidas directa o indirectamente sobre los periodistas, las restricciones impuestas a determinadas informaciones, la ocultación, etc., están a la orden día en todos y cada uno de los medios públicos, prisioneros de los gobiernos de turno, y en buena parte también de los privados. En un sistema teóricamente democrático como el que consagra nuestra Constitución, la libertad de expresión e información no está garantizada, y es inadmisible que aún hoy se nos intente imponer el pensamiento oficial.

Sin libertad de información y expresión no podemos hablar de una sociedad democrática. Sin medios independientes, sin buenos periodistas profesionales no hay periodismo y se elimina el derecho esencial a expresarse y a informar en libertad. Y sin periodismo la democracia es una pura farsa.

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Un comentario en “La libertad de expresión presa del miedo y del dinero.

  • el 11 agosto, 2020 a las 10:39 am
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    Por esta razón, hace tiempo que ya no compro prensa española ni tampoco pierdo el tiempo leyendo la información falseada que aportan en versión digital.

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