Ignacio Ellacuría : teólogo mártir por la liberación del pueblo salvadoreño.

Ellacuría nos ayudaría a ser más críticos»

Ellacuría dedicó la última década de su vida a trabajar con tesón y sin regatear riesgos a encontrar los consensos y acuerdos que acabaran mediante una negociación política con la guerra civil salvadoreña. Y ello lo hizo con gran brillantez y clarividencia.

Ellacuría creía en una paz con justicia social. Además, como creyente, veía en los pobres del continente el rostro del Cristo Crucificado por la opresión de las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales.

En El Salvador de hoy, como en México y en muchos países de América Latina, las condiciones sociales y económicas son prácticamente las mismas: una enorme desigualdad social, en la que millones de personas viven en condiciones de pobreza y sufren violaciones de sus derechos humanos, que contrasta con una pequeña minoría que acumula riquezas.

Es lamentable que América Latina tenga una élite económica que no sabe convivir con la democracia

Ellacuría, consideraba un error la llamada «civilización de la riqueza», aquella en la que se piensa que el motor de la historia es acumular capital, y el sentido de la existencia, disfrutarlo.

En oposición a ella proponía la «civilización de la pobreza», aquella en la que lo esencial es el trabajo y el sentido de la vida se logra con la solidaridad.

Sobrino, uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación y afincado en El Salvador, se refirió también a la crisis actual de las mayores economías mundiales y sostuvo que su desarrollo era un suceso «trágico-cómico».

La tragedia de la situación es que la gente que menos tenía, cuenta ahora con menos medios para vivir, sostuvo, por lo que la coyuntura «ha empobrecido a los más pobres», indicó.

Es cómico, dijo, que el sistema internacional haya invertido en los últimos meses una gran cantidad de recursos para el rescate financiero, con los cuales «el hambre de la humanidad habría desaparecido, yo no sé, para diez, veinte o treinta años«, agregó.

Finalmente, reconoció que en algunos países desarrollados ha aumentado la solidaridad hacia los del Tercer Mundo, pero consideró que esos gestos son aún «mínimos y marginales«, y no se plasman en auténticas ayudas que mejoren la vida de los que menos tienen.

El método, el pensamiento y la obra de Ignacio Ellacuría siguen vigentes para analizar lo que nos está pasando. Sin embargo, habrá que buscar releer sus escritos con nuevos ojos, para desentrañar cómo podemos salir de la barbarie en la que nos encontramos.

El profetismo es protesta, es lucha… se convierte en utopía histórica, que niega el presente y lanza hacia el futuro. Si se entra en la acción profética, se hace historia en la línea de la negación y de la superación y no de la evasión.«

Por la vía del profetismo, aunque la utopía no sea plenamente realizable en la historia, no por eso deja de ser efectiva. Una utopía que no sea de algún modo animadora y aún efectora de realizaciones históricas no es una utopía, sino que es una visión idealista e ideologizada. Lo dado necesita actualizarse. Actualizarlo significa dar realidad actual a lo que formalmente es una posibilidad histórica y que como tal puede ser tomada o dejada, leída de un modo o de otro. Lo que debe ser actualizado es, entonces, lo dado, pero la lectura e interpretación de lo dado, la opción por una parte o otra de lo dado, depende de un presente histórico y de unos sujetos históricos. La actualización histórica de la utopía ya dada, surge ante todo, de la interpelación (signos de los tiempos) que va dándose por el Espíritu en la historia.

La utopía tiene un cierto carácter de ideal irrealizable de una vez por todas, pero al mismo tiempo tiene el carácter de algo realizable asintóticamente en un proceso permanente de aproximación y, por tanto, implica mediaciones teóricas y prácticas, que se toman más de la dimensión categorial de la historia. (Ellacuría, Misterium Liberationis, 1991: 397-398).

Hay profetas distintos. Unos escriben; otros actúan… otros hacen ambas cosas. Unos son antorcha que alumbra, como Juan el Bautista; y otros tienen la capacidad de hacer descender fuego del Cielo a la Tierra, como Elías. Las profetas, órganos principales del progreso de la Revelación, cultivan los motivos principales de la religión del Antiguo Testamento, a los que dedican su vida, pagándolo caro con frecuencia, incluso con el martirio. ¡ELLACURÍA ERA SUBVERSIVO POR PONERSE AL LADO DE POBRES Y VÍCTIMAS!

Quizás sea el de Elías el perfil bíblico más próximo al de Ignacio Ellacuría. Su labor entre los empobrecidos ofrece semejanzas al histórico duelo sostenido por el  profeta hebreo en el Monte Carmelo, contra los profetas del odio y la violencia, que “se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos” 1 Reyes 18:28.

Elías es uno de los personajes más famosos del Antiguo Testamento junto con Moisés. En árabe se le llama «El Khader»que significa el poderoso, el que siempre fructifica, el que no muere nunca y está en todas partes. El profeta Elías es venerado por los padres de la Iglesia como el modelo de todo profeta, el pobre entre los pobres

Para levantar y encender un altar de salvación,  en medio del montón de piedras desperdigadas de la desesperanza, hacen falta hombres (y mujeres) con una fe capaz de encender y consumir leña mojada, que no se amilanen ante la magnitud del desafío. Ese era Ignacio Ellacuría. Un Elías del siglo XX…., una leyenda viva. Mientras que al Elías de la Biblia se lo llevó el Señor al Cielo, de forma violenta, en un carro de fuego en medio de un torbellino a éste Elías contemporáneo, como si fuera un signo del destino, se lo ha llevado un escuadrón de la muerte ultraderechista.

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