El virus de la pobreza.

Un video en redes sociales de un padre que come un pan con algo de Nutella con su hija y dice que si no tiene nada más que darle a la niña iremos a asaltar supermercados, fue la primera señal de alarma. Ocurrió en Palermo, Sicilia. Ese mismo día,  en la misma ciudad, un grupo de 20 personas organizadas por un grupo de Facebook intentaron saquear un supermercado y huir sin pagar con sus carros llenos de productos. Ese escenario se repite en otras partes. No es generalizado aún, hay mucha más gente en estas zonas que está ayudando y generando cadenas de ayuda y solidaridad que las que se han lanzado a robar en las calles.

Hasta la llegada del coronavirus las enfermedades infecciosas quedaban al otro lado de una frontera que divide el mapa del mundo en dos: los países ricos y el resto. Este nuevo virus, de momento es la excepción, no sabemos cuánto tiempo puede durar esta situación, pero sí sabemos algo que desde hace tiempo venimos observando: que la salud y el desarrollo global van de la mano.

Hemos recuperado los balcones para aplaudir, para cantar, para gritar o para descubrir que al otro lado hay un vecino para hablar. Pensábamos que éramos inmunes y de la misma manera que la economía se ha globalizado, esta epidemia ha venido a recordarnos que las enfermedades infecciosas también circulan sin conocer fronteras. 

Son numerosas las personas que han perdido todas sus fuentes de ingresos, en general fruto de trabajos informales suspendidos por el confinamiento: empleadas de hogar, vendedores ambulantes o personas que se dedican a trabajos esporádicos de albañilería o pintura, recogida de chatarra…

Médicos del Mundo y Cáritas han informado de lo que ocurre en los asentamientos de inmigrantes que trabajan en Andalucía, fundamentalmente en Almería: «Miles de migrantes siguen al pie del cañón recogiendo los alimentos de la huerta de Europa, Almería. Lo hacen sin las medidas de protección adecuadas», señala Médicos del Mundo. «Las infraviviendas que habitan se convierten en un potencial foco de contagio por las condiciones en las que viven; desde la insalubridad por la falta de canalizaciones para la evacuación de agua y de acceso a agua potable, a las deficiencias en la ventilación o la calefacción. Los sitios donde habitan suelen ser cortijos entre invernaderos, pisos compartidos en donde viven de manera hacinada, naves abandonadas, y sobre todo chabolas construidas con maderas y plásticos, etc, muchas veces, sin luz ni agua potable», añade esta ONG.

La Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) asegura a NIUS que la demanda de comida se ha disparado en todo el país, especialmente en las grandes ciudades. Los datos confirman que la situación de pobreza que está dejando el coronavirus no se alcanzó ni siquiera durante la crisis de 2008

El Banco Mundial ase­gura que la ­pan­demia arras­trará a 60 mi­llones de per­sonas a una si­tua­ción lí­mite. Hay muertos y muer­tos, Unos por vi­rus, otros por ham­bre. El di­lema de mu­chos Gobiernos y el que plantea el Banco Mundial. Para su pre­si­dente, Davis Malpass, la crisis desatada por la pan­demia de Covid-19 y el cierre de las eco­no­mías desa­rro­lladas puede con­ducir a la po­breza ex­trema a 60 mi­llones de per­sonas en todo el mundo, des­ha­ciendo buena parte de los avances de los úl­timos años en la lucha contra el alivio de la po­breza.

Hay pobres porque los ricos les explotan para su servicio.

Hay pobres porque el dinero no se pone al servicio de las personas (como hace la mujer del perfume,que ayuda a Jesús con su dinero). Hay pobres porque se compra y se vende a los hombres por dinero (como empieza haciendo Judas, aunque luego se suicida).

Pablo VI en su encíclica afirmaba,“La tierra está hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso. Y todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que necesita.” El Concilio Vaticano II lo ha recordado: “Dios ha destinado la tierra y todo lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, según la regla de la justicia que es inseparable de la caridad’ (GS 69). Todos los demás derechos, sean los que sean, incluidos los derechos de propiedad y comercio libre, están subordinados a ello: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realización. Y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primera” (Populorum progressio, n. 22)

El Reino de Dios es Justicia, es decir, liberación de los marginados y oprimidos. Superar el miedo en medio de un mundo que se derrumba, eso es creer en Dios.

Como dice el Papa Francisco, (que a los de Vox no les gusta absolutamente nada como Papa): «La política es una de las formas más altas de la caridad, del amor». 

En la política podemos ser Caín o Abel. ¿Dónde está tu hermano refugiado o inmigrante? ¿Dónde está tu hermano que sufre la injustica social y la falta de libertad? ¿Dónde está tu hermana que sufre la violencia machista? 

De alguna manera el libro del Apocalipsis, que es el que retorna con más fuerza a los motivos de Jesús, se centra en aquello que pone a la entrada de Roma en un gran letrero: “Aquí se compra y se vende todo”. Se empieza comprando y vendiendo oro, piedras preciosas, metales preciosos, objetos de consumo caros. Y, termina la lista grande del mercado, “aquí se compran y se venden cuerpos y almas de hombres”.

Este mundo de consumo y capital es inviable a no ser que vengan otros principios para poder vivir.

0Shares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *