El trabajo y el esfuerzo es dignidad.

Nada regalan en la vida, la suerte no existe, solo el esfuerzo y el trabajo. Nuestra sociedad nos ha creado el falso sueño de que saliendo en los medios de comunicación, inventando un personaje o una estrategia, podemos ser ricos y famosos en poco tiempo. Con todo eso, lamentablemente hemos perdido el valor del esfuerzo, ya no creemos en él. Los grandes hombres y las grandes mujeres son aquellos que se esfuerzan sin descanso. Son los que luchan por hacer un mundo mejor. Esos panaderos que se levantan antes que el sol para ofrecernos “el pan nuestro de cada día”. O esos médicos que están en primera línea en este tempo difícil de pandemia que nos ha tocado vivir.

El trabajo constante y el esfuerzo diario por conseguir nuestras metas y obtener lo que anhelamos quizás no nos garanticen exactamente lo que estamos buscando aunque, sí es probable que nos genere satisfacción.

Nuestros proyectos no salen muchas veces cómo nos gustaría y forma parte de nuestra madurez tener que aceptar esto, que no siempre el esfuerzo genera las recompensas que ansiábamos. Pero aunque no obtengamos el éxito o los resultados que esperábamos, lo que sí consigue el esfuerzo es que podamos estar satisfechos con nosotros mismos. Esto es algo que incluso puede ser más importante que cualquier otra cosa. 

A lo largo de nuestra vida podemos experimentar que, la mayoría de las cosas que merecen la pena, necesitan de una dedicación y esfuerzo grande. Tras las satisfacciones que vamos generando hay detrás un camino que nos ha llevado hasta ellas, muchas veces lleno de dificultades, sudor y en algunas ocasiones  también lágrimas.

Las mayores satisfacciones se producen cuando hay un gran esfuerzo detrás. Albert Einstein decía:   “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

El esfuerzo es dignidad, es intentar hacer las cosas mejor con una sonrisa, con ganas de seguir luchando día a día.

La Biblia fomenta un punto de vista equilibrado sobre el empleo. Nos anima a ser trabajadores y condena la pereza (Proverbios 6:6-11;13:4). Pero eso no quiere decir que promueva que la gente se haga adicta al trabajo. Más bien, nos aconseja que dediquemos suficiente tiempo a descansar. Eclesiastés 4:6 dice: “Mejor es un puñado de descanso que un puñado doble de duro trabajo y esforzarse tras el viento”. Por eso, no deberíamos estar tan dedicados al empleo que descuidemos la familia o nuestra salud. ¿De qué nos serviría matarnos trabajando?

Hoy en día es esclavo el hombre que está atado por su propia libertad cuando no sabe para qué le sirve. Porque la libertad no es un valor en sí, sino un valor en el que debe construirse la propia persona. Decía Goethe: “nadie  es más esclavo que quien se considera libre sin serlo”. Y no hay servidumbre más vergonzosa que la voluntaria.

Hoy en día es esclavo el que es siervo de sus propios miedos o de sus propios vicios. El que para vestirse tan solo piensa en lo que está de moda; el que tiene que comprar las cortinas, los muebles o  los aparatos que están de moda; el que  se muere de vergüenza  si no tiene un coche “digno de su categoría”; el que lucha tanto por dar una buena vida a su mujer y a sus hijos y no tiene tiempo de darles su compañía; también es esclavo el que lo es de su mujer, o la mujer que lo es de un hombre; lo son los que confunden el matrimonio o la pareja con una forma de sometimiento al prójimo.

Los valores de nuestro mundo actual nos han ido colonizando y los hemos ido asumiendo, hasta el punto de considerarlos propios y hegemónicos de la humanidad. El resultado de todo esto ha sido una generación de ciudadanos acríticos, poco reflexivos, dóciles consumidores, competitivos y trabajadores tecnócratas.

Hay algunas personas que piensan que lo importante es cuánto dinero se gana. Esa manera de pensar, junto con el deseo de ganar dinero rápido, ha hecho que algunas personas se metan en negocios sucios o hasta participen en actividades ilegales.

Hoy en día también podemos ver como algunas personas se aprovechan de los inmigrantes. El principal perjudicado en situaciones de crisis siempre es el inmigrante, el cual está dispuesto a pagar por la tan ansiada oferta de empleo y es víctima de algunos desaprensivos que se aprovechan de su desconocimiento de las leyes y de su situación irregular.

La policía y los sindicatos alertan del aumento de ofertas de empleo irregulares para seguir en el país. La mayoría de los casos son estafas realizadas por empresas ficticias que venden documentos falsos. Se está convirtiendo en algo habitual que pequeños empresarios, administradores de empresas o incluso autónomos pidan dinero, cantidades de al menos 3.000 euros, por hacer un contrato de trabajo a un inmigrante.

La pandemia de COVID-19 y las medidas para controlar la transmisión del virus interrumpió abruptamente el movimiento de personas que caracteriza a nuestro mundo interconectado. Las consecuencias son enormes para los migrantes, que dependen del trabajo lejos de sus hogares para mantenerse a sí mismos, sus familias y sus comunidades. Muchos de ellos se encuentran ahora en condiciones que los ponen en mayor riesgo de contraer la COVID-19. Con esta crisis, se ha desatado la «globalización de la indiferencia» y a veces de la violencia, con un odio contra los más vulnerables, contra los migrantes, contra las poblaciones discriminadas y, muy a menudo, contra las mujeres. 

El mensaje del papa Francisco es un toque de atención a las conciencias de los habitantes de los países donde llegan los inmigrantes.

El papa invita a reflexionar cuando pregunta: «¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?”

Francisco explica que para los católicos «en la acogida del extranjero (…) se abren las puertas a Dios y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo».

La Biblia condena el trabajo que no es honrado o que perjudica a otras personas de algún modo (Levítico 19:11,13; Romanos 13:10). Ser un buen trabajador beneficia a otras personas y permite tener “una buena conciencia” (1 Pedro 3:16).

 Un país que quiere edificarse en la mentira y la corrupción está abocado al fracaso total. El crecimiento debe basarse en el trabajo honrado, la formación, dar oportunidad a los jóvenes… Regresar, en definitiva, a las raíces y los valores.  La cultura del sacrificio y ganarse el pan cada día con el esfuerzo tiene que volver.

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