CREADA UNA PLATAFORMA EN CONIL POR LA JUSTICIA EN LA DIOCESIS DE CÁDIZ Y CEUTA.

La imagen puede contener: 1 persona, texto que dice "QUE EL OBISPO MIRE CON LA MIRADA DE JESÚS""

En Conil se han celebrado ya varias concentraciones en solidaridad con su sacerdote, además de que el Ayuntamiento aprobó recientemente una moción apoyándole en la polémica.

Tengo la impresión  de que muchos obispos, pasado el amor y el ardor primero de su consagración como tales, comienzan a adaptarse a un ritmo de hacer su labor pastoral, que les lleva a olvidar que ellos son también Pueblo de Dios. Poco a poco van escalando los peñascos de la base hasta situarse en la cima, siempre en el otero, muy por encima de ese pueblo al que deben pastorear. Se acomodan y se sientan con actitud vigilante, tal como harían los pastores de las ovejas que balan, en lo alto del peñasco tocando la flauta, muchas veces con un sonoro deje de prepotencia.

Las cinco llagas que Rosmini ve en la Iglesia son: la división entre el clero y el pueblo; la insuficiente formación del clero; la desunión entre los obispos; el nombramiento de éstos, abandonado al poder laico; y la servidumbre de los bienes eclesiásticos.

En efecto, desde el siglo VI, los cristianos, que habían sido hasta pocos años antes ferozmente perseguidos y que se habían constituido en paladines de la libertad de conciencia, aprendieron muy pronto a utilizar las armas de la represión contra sus adversarios y perseguidores de otras épocas.

En el decreto conciliar sobre la actividad misionera de la Iglesia se reafirma esta exigencia clerical sobre el apostolado laico:“

La iglesia no está plenamente formada, ni vive plenamente, ni es representación perfecta de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo sin la presencia activa de los seglares” (AG 21)

¿Se ocupan de manera efectiva la mayor parte del clero y religiosos en despertar y orientar esta vocación apostólica en los seglares?

Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo. Necesitamos  más disidentes jerárquicos y de a pie. Ellos son quienes se atreven a desafiar la jerarquía y el resto de miembros de la iglesia aceptar la inevitabilidad de la muerte, o la necesidad de dejar partir lo que apostólicamente ha dejado de ser relevante, pues como dice Jn 12,24: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”.

La Iglesia no es en sí misma secta, pero está corriendo el riesgo de convertirse en gran secta, alguien diría que es la madre de todas las sectas de occidente, por su clasismo, su visión jerárquica, y sobre todo por la forma de tratar a los «expulsados», salidos de su jerarquía (los ex).

A algunos jerarcas les cuesta comprender que es imprescindible buscar la unidad en la fe entre el clero y los fieles (moral, doctrinal, litúrgica), cultivar los carismas y mejorar la formación de los seglares. Afirmaba hace unos años el Papa Francisco: “mirar el pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos.  El primer sacramento, el que sella siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos, es el del bautismo”. “A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizado laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar” prosigue.

El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado tratándolo como un “mandadero”.

Los obispos deben abandonar los palacios y vivir como la gente normal. La gente necesita ver cambios concretos y reales como los que ha hecho el papa Francisco, que ha dejado el palacio para ir a vivir a una residencia. Cuando los obispos formaban parte del imperio romano, eran grandes señores. Ahora deberíamos volver al tiempo en que  los obispos sean personas de a pie y cercanas, creyentes entre los creyentes.

Evangelio es el encuentro y la permanencia con Jesús; esto es lo que escuchamos algunas veces en las homilías, pero no cala, porque las normas se anteponen muchas veces: esto está prohibido, esto no es lo que piensa la Iglesia… La norma cuando se antepone a la persona criminaliza a la persona, la hace culpable, excluida.

La iglesia de Jesús sólo puede ser todo-poderosa si renuncia de un modo gratuito, por creatividad, a todo tipo de poder económico y religioso, político y social, como indica el Evangelio, como canta Pablo en Flp 2.

Una iglesia que quiere mantener (defender, exigir, imponer) algo como propio en un nivel de posesión económica o de dominación social o religiosa deja de ser cristina.

La iglesia ha dicho casi siempre que la comunidad es lo primero y que el Espíritu de Cristo se expresa en el amor liberador y el diálogo de todos los creyentes. Pero después ha colocado de hecho a unos hombres especiales por encima de ese diálogo, dándoles palabra especial de inmunidad sagrada, como si supieran de antemano o desde arriba aquello que conviene a los demás, para dirigirles, conforme a un modelo de dictadura sagrada.

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