Christina Moreira acusa al Papa de hablar sólo de labios para afuera sobre la igualdad de las mujeres en el catolicismo.

Christina Moreira ha acusado al Papa Francisco de hablar sólo de labios para afuera sobre la igualdad de las mujeres en el catolicismo.

Moreira observó que un «creciente clamor popular» por el cambio en la Iglesia Católica se está construyendo a medida que los fieles notan cada vez más la falta de vocaciones al sacerdocio, el abandono de los feligreses, la inmadurez del clero frente al sexismo y otros instancias de paternalismo institucionalizado.

Christina insistió también en que ha llegado el momento de una limpieza a fondo en la Iglesia. Uno que finalmente traería transparencia y gobernanza democrática a la institución, y acabaría con el sexismo que ha alejado a la Iglesia de un mundo secular cada vez más reacio a aceptar la discriminación por motivos de identidad de género, color de piel y otros rasgos.

De momento no hay más que mirar las estructuras de la religión en las instituciones eclesiásticas para darnos cuenta de que en esa administración con esas características religiosas de la iglesia van llegando a su fin, si es que no han rebasado ya su fecha de caducidad. Eso no quiere decir que el hombre y la mujer de hoy no sean religiosos, pues la religión tiene en el hombre y en la mujer más calado y es más profunda de lo que parece. Pero el hombre y la mujer de hoy busca a Dios más “inmediatamente”, sin sentir muchas veces la necesidad de acudir a mediadores, como corresponde a la mentalidad de los profetas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús.

Sin mucho esfuerzo es posible apreciar como este sistema doctrinal de la iglesia nada tiene que ver con las genuinas aspiraciones de Jesús, ni con la Iglesia que Jesús quería, y que es un sistema frágil y prácticamente “increíble” es algo que se palpa en nuestra sociedad. Y es que, desfigurando el evangelio, se han trastocado las cuestiones de doctrina mayormente por parte de quienes en la iglesia católica detentan el poder.

Es posible que hoy nos encontremos en una época parecida a la del profeta Jeremías hacia el año 580 antes de Cristo. Respecto a la iglesia debemos recordar el gesto simbólico y profético del profeta Jeremías en Jerusalén hacía el año 600 antes de Cristo. Durante largo tiempo había padecido terribles visiones hasta llegar a convencerse de que los sacerdotes del Templo eran unos falsos asalariados y que los profetas cortesanos no eran sino aduladores y bufones, mientras los doctores e interpretes de la ley (sagrada Biblia) no eran más que gente arrogante que se afana por alcanzar y disfrutar del poder, y para ello mienten y tergiversan la Palabra de Dios hasta que los deseos de sus mandatarios se ven adecuadamente cumplidos, estableciendo de esa manera la ideología de “Dios nos ha elegido” y en su nombre hablamos y actuamos.

La iglesia Católica todavía no ha aprendido que lo primero y primario de su misión y vocación es hacer “hombres” cabales y no, aunque parezca paradójico, cristianos  domingueros, sobre todo, eclesiásticos y no aptos y educados para la vida. Para ello sigue, más que nada celebrando misas y administrando sacramentos sin saber muy bien ella lo que hace y quienes lo reciben lo que eso quiere decir.

En sus orígenes bíblicos y patrísticos, es toda la Iglesia la que celebra la eucaristía, y es la eucaristía la que hace y constituye la iglesia, pero a partir del segundo milenio, la eucaristía es celebrada por el clero, y este es el que constituye la iglesia: la iglesia es ante todo la Jerarquía, creándose así la gran división eclesial entre el clero y los fieles. Los laicos pasan a ser sujetos meramente pasivos en la Iglesia, en el culto y en toda la vida eclesial.

La iglesia no puede limitarse a anunciar la Palabra, suscitar adhesión a la fe y convertirse en una iglesia de rebaños, de masas, o de gente no convertida, sino que debe buscar la transformación de la persona y de la historia por la fuerza del Espíritu.

Lo que un día hizo el profeta Jeremías en el templo de Jerusalén fue algo espantoso y horripilante, un crimen de lesa ley sagrada,  ya que reunió el pueblo en masa para celebrar el servicio religioso, Jeremías vociferando, instó a Dios a rezar por el rey enemigo Nabucodonosor de Babilonia a fin de que lo más pronto posible derribara y aniquilara los muros de la Ciudad Santa del Templo. Y así ocurrió. El templo fue destruido y los judíos deportados a Babilonia. Los contemporáneos de Jesús, que conocían esta historia, al verle se preguntaban si no sería él una especie de Jeremías que había regresado. A tal efecto, nos tenemos que preguntar qué ocurriría si hoy volviera Jesús de Nazaret a la iglesia y al Vaticano y repitiera su mensaje evangélico. Me temo que volvería a enfurecerse como ya se enfureció una vez en el Templo de Jerusalén abarrotado de gentes y que su mensaje sería tan duro y acerbo, y tan desesperadamente interesante como lo fueron entonces las palabras de Jeremías.

El mensaje de Jeremías apunta a la caída del Templo y de la casta sacerdotal que administra la religión. Jeremías dice que Dios habla al hombre en su corazón, en su conciencia, y que, en lo referente a Dios, nadie tiene necesidad de que le den lecciones magistrales, y menos dogmáticas, sobre Dios mismo y sus ministerios.

También sabemos que recientemente, al comenzar el milenio, Juan Pablo II se ha dirigido al mundo para pedir a Dios perdón, pero se lo tendría que haber pedido al mundo, a la humanidad, por los errores, barbaridades y culpas cometidas por los dos mil años de cristianismo: inquisición, persecución de judíos, herejes y brujas, bautismo a sangre y fuego, cruzadas, etc. Numerosas siguen siendo en la iglesia  las mujeres  que están traumatizadas por los duros golpes que reciben en la iglesia.

Tiene razón Christina cuando habla de los hijos que los curas han tenido por ahí, por ahí andan sin padres, porque el cura prefirió, animado por la jerarquía, continuar sus tareas sacerdotales en contra o abandonando a la madre y al hijo o los hijos. Una vez más la ley eclesiástica, en este caso el celibato, se impone a los más elementales y fundamentales derechos humanos, como la familia, la mujer y los hijos. Tienen razón también las mujeres al sentirse heridas y maltratadas por la iglesia católica romana institucional a pesar de todo lo que trabajan en ella Nada de sacerdocio de la mujer, nada en absoluto. ¡Cuántas parroquias en el mundo entero se sostienen gracias al celoso y duro trabajo de las mujeres, monjas y seglares! La iglesia es desagradecida y arrogante, y eso se siente en el alma. La iglesia católica romana no se reforma porque, al fin y a la postre, no lo quieren los jerarcas. Son ellos los incorregibles, interesadamente incorregibles, pues al cambio perderían mucho, privilegios y prebendas, ese es un hecho cantante y sonante, perderían lo que, al parecer, más se quiere en este mundo, para bien o para mal: poder y dinero.

Me pregunto también ante todo esto si querer ser sacerdote en la iglesia católica no será una aberración como si un pacifista quisiera ser soldado… hay muchísimos «presbíteros» (curas y monjas) de la Iglesia Católica que se han secularizado (que han dejado la jerarquía) básicamente por fidelidad a su propia vocación cristiana y a su tarea de fondo en la Iglesia. 

Las palabras que K. Rahaner escribió para el sínodo de la Iglesia alemana siguen teniendo actualidad hoy en día: “¿Dónde se habla con lenguas de fuego de Dios y de su amor? ¿Dónde se mencionan los mandamientos de Dios, no como un penoso deber que cumplir, sino como una  gloriosa liberación del hombre o de la angustia vital y del egoísmo frsutrante? ¿Dónde en la Iglesia no sólo se ora, sino que se experimenta la oración como un don pentecostal del Espíritu, como una gracia sublime…?»

Para que la salvación de Cristo llegue a los hombres de nuestro tiempo es tan insustituible la acción de los laicos, según su vocación propia, como la acción de los pastores.

En el decreto conciliar sobre la actividad misionera de la Iglesia se reafirma esta exigencia clerical sobre el apostolado laical: “La iglesia no está plenamente formada, ni vive plenamente, ni es representación perfecta de cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo del pueblo sin la presencia activa de los seglares (AG 21)

Christina Moreira  cree que ha llegado la hora de una limpieza, de exigir transparencia y una gobernanza comprensible en las sociedades democráticas, y de acabar con una postura machista alejada de un mundo cada vez más reacio a la desigualdad de género, color de piel u otra forma de tratamiento discriminatorio.

 Es admirable ver mujeres valientes como Christina Moreira que luchan contra el aparato inamovible de una iglesia arcaica. Es Lo más parecido a un clavo que golpea una maza con la triste esperanza de hacer parte de una tabla del barco que recoge a los náufragos de la tierra.

La verdadera iglesia no puede disfrutar del favor y buena voluntad del mundo. ¿Creemos y temblamos ante la Palabra de Dios o no? ¿Cuándo vamos a enfrentar lo que Jesús dijo que les esperaba a los que se negaban a sí mismos, tomaban su cruz y le seguían? Jesús dijo, «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado» (Jn. 15:18-21).

Hablando de lo que les pasará a los santos en los últimos días, Jesús dijo, «Os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre» (Lc. 21:12).

Gracias a Dios, hay mujeres como Christina Moreira escuchando la voz del Espíritu Santo, y no pueden ser engañadas o encontradas desprevenidas. Son las atalayas que han detectado los desvíos del enemigo; son valientes para exponer las enmascaradas doctrinas de demonios. Aquellos y aquellas que oyen lo que el Espíritu está diciendo, saben lo que el Señor está a punto de hacer. Estas mujeres ven la tormenta formándose – oyen el trueno avecinándose – saben que Dios ya está juzgando Su casa.

José Carlos Enríquez Díaz

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3 comentarios en “Christina Moreira acusa al Papa de hablar sólo de labios para afuera sobre la igualdad de las mujeres en el catolicismo.

  • el 20 octubre, 2020 a las 6:03 pm
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    Casullas, sotanas. Eso de los curas o curesas o lo que sea ya no está de moda.
    ¿No tienen nada mejor que hacer?

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  • el 24 octubre, 2020 a las 11:42 pm
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    Muy buen artículo.
    Totalmente de acuerdo en sus apreciaciones.

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    • el 25 octubre, 2020 a las 2:04 pm
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      ¿¿Quien mueve esa monstruosidad eclesiastica despues de tantos siglos unida a los poderes politicos de turno siendo colaboradora y promotora de las decisiones de reyes….dictadores. ¿ que es si no el Nacional Catolicismo que todabia estamos padeciendo, aunque de una forma mas descafeinada…….???? o sin descafeinar……mucha gente no quiere saber nada, porque si se mueve los peores enemigos estan dentro, tanto curas como seglares. No todo el mundo….pero no dejan de ser minorias donde la hay las que tienen que cargar con el mochuelo.

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